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Rusia negocia con Siria sobre sus bases mientras evacúa personal y parte del material bélico

Pablo Medina MADRID / LA VOZ

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Imagen satélite de la base naval de Rusia en la ciudad costera de Tartus, Siria.
Imagen satélite de la base naval de Rusia en la ciudad costera de Tartus, Siria. MAXAR TECHNOLOGIES | REUTERS

Moscú teme perder poder militar en el Sahel, y su único acceso al Mediterráneo, por Tartús, está en la cuerda floja

11 dic 2024 . Actualizado a las 22:19 h.

Tras décadas de apoyo al régimen dinástico de los Al Asad, Rusia admitió este miércoles contactos con los rebeldes sirios para definir y proteger el futuro de sus bases militares ante el temor de perder influencia tanto en el Mediterráneo como en el Sahel y en Oriente Medio. Unas negociaciones que de momento permanecen en relativo secreto y que vienen acompañadas de evacuaciones parciales de personal y material bélico para protegerlo en Moscú a fin de que no sea utilizado por el Gobierno interino sirio.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, destacó este miércoles que «no hay más remedio» que tratar con Hayat Tahrir al Sham, el grupo que capitaneó la caída de uno de los títeres predilectos de Moscú, Bachar al Asad. «Nuestras bases están ahí, nuestra misión diplomática está ahí y, por supuesto, el asunto de garantizar la seguridad de estas instalaciones es extremadamente importante», señaló a la agencia Interfax.

El enjambre de bases rusas en el país se utilizó para apuntalar al régimen cuando Vladimir Putin se inmiscuyó en la guerra civil del país árabe a partir del 2015. Pero también servían de garantes para la influencia de Moscú en el Mediterráneo y en África.

Perder la base naval de Tartús supondría un duro golpe para la geoestrategia rusa, ya que se quedaría sin el único acceso directo que tiene al mar Mediterráneo y el Ejército se vería obligado a retirar sus naves al Báltico debido a la presión de las operaciones ucranianas contra la marina moscovita en el mar Negro.

Evacuaciones y pérdidas

Perder la segunda base más importante, la aérea de Hmeimim, también dañaría sus intereses en Ucrania, pero más en el Sahel y el norte africano. Desde esta posición, Rusia ha enviado aviones no solo para combatir a los rebeldes sirios, sino también a apoyar levantamientos en Libia, la República Centroafricana y Sudán, a fin de barrer la influencia de Occidente del continente. Todo ello con la ayuda del grupo Wagner, cuyos mercenarios se desplegaban desde esas instalaciones.

El Kremlin también dispuso de varias plazas militares en Palmira, Hama, Shayrat y otro aeródromo en Tiyas. Además, ya ha perdido la base que tomó a los estadounidenses tras su abandono en Manbij en el 2019 y la de Kobane, desde donde negociaron los acuerdos de Astaná para un alto el fuego con los rebeldes sirios en el 2020, ahora papel mojado tras la guerra relámpago de estos. La misma suerte han corrido las de Deir Ezzor, ya en manos rebeldes.

Paralelamente a las negociaciones, la Inteligencia ucraniana reveló que varios buques ya se apostan a 13 kilómetros de la costa de Tartús para evacuar personal militar y equipamiento para protegerlos en Moscú, al igual que aviones en Hmeimim en caso de tener que sacar más personal.