La clave de arco del consenso pacificador de 1978 consistió en proclamar, de un lado, un principio democrático esencial: que en nuestro país ninguna confesión religiosa tendría carácter estatal
La orden religiosa propietaria del cenobio no quiere negociar. Aguarda por un relevo generacional que no resulta creíble con la crisis de vocaciones que acucia al clero