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La imaginación no es exclusiva de los humanos: un estudio demuestra que los simios también la tienen

Adrián García Seoane

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

 Kanzi, un bonobo de 43 años fallecido en el 2025 y famoso por su alto desarrollo cognitivo, fue el sujeto seleccionado para el experimento, en el que los científicos verificaron que simulaba probar vasos de zumo y tazones de uvas imaginarios.
Kanzi, un bonobo de 43 años fallecido en el 2025 y famoso por su alto desarrollo cognitivo, fue el sujeto seleccionado para el experimento, en el que los científicos verificaron que simulaba probar vasos de zumo y tazones de uvas imaginarios. Courtesy Everett Collection

Dos científicos de la Universidad Johns Hopkins pudieron comprobar que un bonobo era capaz de «probar» vasos de zumo y tazones con uvas que solo existían en su mente

05 feb 2026 . Actualizado a las 20:10 h.

Durante décadas, la imaginación ha sido considerada una facultad exclusiva del ser humano. Ahora, un nuevo estudio de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos) viene a desmentir esa creencia: los investigadores Amalia Bastos y Christopher Krupenkye han demostrado por primera vez que los simios también pueden imaginar y jugar a fingir. En los tres experimentos llevados a cabo con Kanzi, un bonobo de 43 años, los científicos pudieron verificar cómo este simulaba probar vasos de zumo y tazones con uvas que solo existían en su mente, algo que no se había documentado científicamente hasta ahora. Los resultados del trabajo acaban de ser publicados en la revista Science.

«La imaginación se ha considerado durante mucho tiempo un elemento crucial de la condición humana, pero la idea de que no sea exclusiva de nuestra especie es realmente transformadora», explican los autores del descubrimiento. Una valoración con la que también coincide el especialista en cognición animal e investigador posdoctoral en la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena (Austria) Antonio J. Osuna: «Este estudio aporta una de las evidencias experimentales más claras hasta la fecha de representaciones secundarias en un individuo de otra especie. Durante años se han acumulado observaciones anecdóticas de chimpancés y bonobos interactuando con objetos imaginarios —desde jugar con cubos invisibles en laboratorio hasta tratar palitos como si fuesen muñecas—, pero faltaban demostraciones experimentales», señala el experto en declaraciones a SMC España. «El trabajo de Bastos y Krupenye con Kanzi da ese paso, mostrando que un bonobo puede mantener y actualizar estados imaginados superpuestos a la realidad inmediata», concluye Osuna.

Los tres ensayos del experimento se diseñaron de una forma conceptualmente sencilla: Kanzi alternaba pruebas reforzadas en las que se le daba un premio con otras sin recompensa. En cada una de ellas debía indicar la localización de zumo o comida imaginarios tras observar acciones en las que los científicos simulaban verter alimento en un vaso. Aunque el rendimiento de Kanzi se situó por debajo del 70 %, este nivel es el esperado en pruebas de esta naturaleza, ya que se prestan a distracciones y variaciones en la atención del sujeto estudiado.

Para el psicólogo e investigador en el departamento de Psicología y Neurociencia de la Universidad de Saint Andrews (Escocia) Juan Carlos Gómez, el aspecto más destacable de este hallazgo, más allá de sus prometedores resultados, «es el hecho de que proporciona por vez primera un paradigma experimental que podrá seguir usándose para investigar de forma sistemática los posibles precursores evolutivos del juego de imaginación en primates no humanos». Bajo esa perspectiva, el estudio no solo podría contribuir a entender las capacidades cognitivas de los grandes simios, sino que también ayudaría a comprender cómo surgió la imaginación en nuestra propia especie hace millones de años. «El trabajo refuerza la posibilidad de que los raros ejemplos de posible juego imaginario que se habían observado en antropoides sean genuinos, o al menos nos digan algo sobre los precursores evolutivos de esta capacidad tan importante y bien desarrollada en los humanos», asevera Gómez.

A este respecto, el director del departamento de Psicología de la Universidad de Gerona (UdG), Miquel Llorente, indica que las implicaciones de la investigación de Bastos y Krupenye son «profundas». «Si la capacidad de simular no es exclusivamente humana, significa que el andamiaje cognitivo para la ficción, el simbolismo y quizás la cultura compleja ya estaba presente en nuestro ancestro común hace millones de años. Ahora el reto es entender no solo el qué pueden hacer, sino el cómo y para qué utilizan estas herramientas mentales en su propio entorno natural», reflexiona el especialista, que también dirige el grupo de investigación Comparative Minds de la UdG.

No obstante, el estudio de la Johns Hopkins tiene ciertas limitaciones, como señalan los expertos. Una de ellas, apunta Juan Carlos Gómez, sería que «tal vez Kanzi haya aprendido que la respuesta correcta es señalar los vasos que contienen algo, y cuando se ve urgido por sus cuidadores a elegir entre dos vasos aparentemente vacíos, piense que el único en el que puede haber algo es en el que no ha sido volteado». «Lo elegiría, por tanto, no porque entienda que el humano finge que tiene zumo, sino por descarte, por si acaso hay algo en él que no se ve bien», aventura el psicólogo. Por otro lado, Llorente subraya que el sujeto del experimento es Kanzi, un primate considerado «un genio extraordinariamente enculturizado, entrenado en lenguaje artificial y con un desarrollo cognitivo que, si bien nace de una base biológica, ha sido amplificado por un entorno humano».