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Fernando Calvet, el científico gallego del año que impulsó la industria farmacéutica gallega y creo el insecticida ZZ

Raúl Romar García
r. romar REDACCIÓN / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

RAGC

El catalán que modernizó la química en la comunidad y desarrolló un fármaco para la migraña a partir de un hongo alucinógeno del centeno recibe el homenaje de la Real Academia de Ciencias de Galicia

18 feb 2025 . Actualizado a las 13:47 h.

«No existía en el recinto facultativo un solo local que pudiera, realmente, considerarse como un laboratorio químico, y las escasas instalaciones de que se disponía eran obsoletas e inservibles para un elemental labor pedagógico, o para iniciar un sencillo trabajo de investigación».

Esta desoladora imagen fue con la que se encontró —y relató— Fernando Calvet Prats (Vilafranca del Penedés, 1903- Barcelona, 1988) a su llegada en 1930 a la Universidade de Santiago para ejercer como catedrático de Química Orgánica, plaza que había ganado un año antes, a los 26 años después de doctorarse en la Universidad de Oxford. En ese momento también había ganado una bolsa de la Fundación Rockefeller para trabajar en Múnich sobre química de alcaloides bajo la dirección del premio nobel Heinrich Wieland. No fue de extrañar, entonces, que su incorporación a la academia en Galicia le supusiera un shock, del que pronto se repuso, gracias a «la aplicación y el entusiasmo que, desde un principio, me prodigó un distinguido grupo reducido de estudiantes, ávidos de aprender y de trabajar».

Ahí empezó una carrera que lo llevó a convertirse en el introductor de la bioquímica moderna en España, en el modernizador de la química orgánica en Galicia y en el pionero e impulsor de la investigación química en la Universidade de Santiago, méritos que se han visto ahora reconocidos por la Real Academia Galega de Ciencias (RAGC), que lo acaba de elegir como Científico Galego do Ano.

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Su trayectoria académica se vio truncada con la Guerra Civil. De ideas liberales, catalanista y simpatizante de los sectores galleguistas se autoexilió de forma preventiva en Estocolmo aprovechando que previamente había ganado una plaza para trabajar como bioquímico con el también premio nobel Von Euler. Dos años antes, en 1934, había fundado el Instituto Bioquímico Miguel Servet en Vigo, del que fue director científico, junto con el médico Ramón Obella y el farmacéutico Francisco Ruvira, con la idea de que su investigación tuviera un enfoque más práctico, idea que reforzó durante su estancia en Suecia.

El inicio de la Guerra Civil lo sorprendió en Vigo, donde se encontraba con su familia, y desde allí tuvo conocimiento por la prensa de su destitución como catedrático por «catalanista, antimilitaristas y por sus ideas separatistas» y también por ser «francamente comunista». El químico llegó a afirmar que «Galicia es una nación perfectamente definida... la Universidad tiene que ser el exponente cultural de esta nacionalidad». 

Tras exiliarse a Suecia de forma preventiva y posteriormente a Escocia, donde fue profesor en la Facultad de Medicina de Edimburgo, negoció su regreso a Galicia con las autoridades franquistas con la promesa de que no iba a haber represalias. Pero nada más entrar en España fue apresado y encarcelado durante un tiempo en Tuy. Al salir de la prisión, y vetado ya como catedrático, reinició en Vigo sus trabajos en el laboratorio Miguel Servet, que a los pocos meses se integrarían en los Laboratorios Zeltia, de O Porriño.

En esta etapa fue cuando alcanzó uno de sus mayores éxitos con el lanzamiento del Pan Ergot, indicado para afecciones como la migraña y el sarcoma. Se trata de un hongo, el cornezuelo, que parasita el centeno y que presenta propiedades alucinógenas, pero también curativas, por lo que desde hacía años era de gran interés por parte de la industria farmacéutica.

En su etapa como director científico de Zeltia patentó en poco más de un año diez especialidades farmacéuticas y se elaboraron fármacos hepáticos, insulinas, vitaminas y hasta vacunas. Pero quizás uno de sus grandes éxitos, o al menos uno de los más populares, es el insecticida ZZ.

Pese a su dedicación a la industria, Fernando Calvet siempre quiso regresar a la docencia. Sin embargo, su situación no se resolvió hasta 1944, cuando fue repuesto de su cargo de catedrático y destinado a la Universidad de Salamanca. Después de un breve paso por la de Oviedo se incorporó a la de Barcelona, donde consiguió que la bioquímica se transformase en una disciplina independiente. En eses años también trabajó en el Brooklyn Polytechnic Institute de Nueva York y en la Universidad de Nueva York.

Pero su mejor legado lo dejó en Galicia, donde también se esforzó por integrar a las mujeres a la docencia y a promover el deporte universitario, fundamentalmente el rugbi. Su figura fue de tal relevancia que hasta le dedicaron una película: Os fillos do sol (2017).