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La ciencia gallega recuerda al padre de la química orgánica

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

S. Alonso

Discípulos e investigadores homenajearon a Ignacio Ribas, elegido este año por la Real Academia Galega de Ciencia como Científico Galego do Ano

09 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Ignacio Ribas Marqués, catedrático de Química Orgánica en la Universidade de Santiago, fue elegido este año por la Real Academia Galega de Ciencia (RAGC) como Científico Galego do Ano. Discípulos, familiares e investigadores lo recordaron ayer en un acto celebrado en Santiago con motivo del Día da Ciencia, en un encuentro en el que hubo más cariño, cercanía y humor que fórmulas químicas.

Y es que la semblanza que de Ribas Marqués hizo el catedrático Luis Castedo destacó sobre todo el tesón, la exigencia y la ironía de este científico nacido en Palma de Mallorca, pero que desarrolló la mayor parte de su actividad investigadora en Galicia. Con 27 años logró su primera cátedra y jamás tuvo pelos en la lengua. En el discurso inaugural del curso 1930-31, en la Universidad de Salamanca, afirmó tajante que «vivimos en un estado de miseria científica tal, que nos impide realizar una labor provechosa». Ribas apuntaba y disparaba: Salamanca solo estaba en el más alto nivel en la capilla, el paraninfo, «el despacho del rector y la instalación avisadora de incendios». Se dedicaba con tal pasión a su trabajo que Miguel de Unamuno, siendo rector de esta universidad, dijo de él: «A Ribas hay que darle todo lo que pida o matarlo».

Colaboró con el Instituto Miguel Servet de Vigo para obtener alcaloides con el fin de elaborar medicamentos, como el Pan Ergot, que facilitaba la expulsión de la placenta a las parturientas y evitaba el sangrado. Ponía normas a sus becarios: no fumar, no permanecer más de tres años con estas ayudas y nada de matrimonio u otros compromisos sociales que impidan «el carácter de estudiante en toda su intensidad y pureza». Claro que al final la norma no se cumplió, porque los jóvenes químicos vieron como el premio Nobel Baeyer no solo fumaba puros en el laboratorio, sino que le puso a unos sedantes el nombre de barbitúricos, en honor a su novia Bárbara, así que si Bayer podía, ellos también.

A las múltiples anécdotas que relató Castedo de este científico que dirigió 71 tesis doctorales y se convirtió en el gran defensor de los productos autóctonos, se sumaron las que previamente relataron sus discípulos en un vídeo elaborado por la Real Academia de Ciencias. Y entre ellas destacó la de Aida Méndez, que se quemó en la cara en el laboratorio, y cuando estaba en casa convaleciente recibió la visita de Ribas Marqués y toda la plana mayor. Cuando la joven explicó que podrían quedarle cicatrices de por vida, Ribas salió raudo al paso. «Es un orgullo que te quede marca, mira, Batuecas, tuerto, Fraga, cojo», le explicó, enumerando los accidentes previos de otros científicos en el laboratorio. El padre de Aida Méndez, tras despedir a sus invitados, afirmó: «No vuelves a poner los pies en el laboratorio». 

Premio a Raúl Romar

Tras la semblanza que recordó al catedrático como un maestro que llevaba a sus discípulos más cercanos a su casa, para que celebrasen su santo o el de su mujer Catalina con toda su familia, se entregó la primera edición del premio Galicia de Xornalismo Científico, que recibió el periodista de La Voz de Galicia, Raúl Romar, por su trabajo Galicia reclutará a mil pacientes en el mayor ensayo para tratar la artrosis. Romar defendió ciencia y científicos gallegos, de los que aseguró, «temos que estar orgullosos, pero aínda non podemos sacar peito cando non temos capacidade de incorporar a Galicia a moitos investigadores con currículo». El presidente de la RAGC, Miguel Ángel Ríos, cerró el acto.