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«Cárceles de oro» para los golpistas del 23F en Ferrol: «Les llevaban marisco»

Patricia Hermida FERROL / LA VOZ

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Salón privado con sofás en la celda de Tejero, en Mugardos.
Salón privado con sofás en la celda de Tejero, en Mugardos. CESAR TOIMIL

Milans del Bosch en Caranza y Tejero en Mugardos tenían mayordomos y bar

28 feb 2026 . Actualizado a las 13:34 h.

A cuerpo de rey. Así pasaron sus días los cabecillas del 23F durante su estancia presidiaria en la ría de Ferrol: con mayordomos, salones privados en los que no faltaba un buen bar con su whisky on the rocks, y mariscadas a diestro y siniestro. El ex teniente general Jaime Milans del Bosch, cabeza táctica del golpe de Estado y némesis de Gutiérrez Mellado, ingresó en 1983 en la antigua cárcel ferrolana de Caranza. Y allí podía recibir ocho visitas diarias, además de numerosos obsequios. «Bombones, marisco, quesos, libros, jamones», enumeran las crónicas de la época. Entre rejas de oro también vivía el ex general Luis Torres Rojas, que el 23 de febrero de 1981 era gobernador militar de A Coruña y se sumó al golpe como «amigo del alma» del teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero. Torres disfrutaba de los mismos privilegios que Milans del Bosch, en la prisión de Caranza. Y Tejero acabó en el castillo militar de La Palma (Mugardos), como preso deluxe: con su propio mayordomo, un salón que daba a la ría y sin rejas en las ventanas.

De izquierda a derecha, los golpistas más famosos presos en la ría de Ferrol: Luis Torres, Tejero y Milans del Bosch.
De izquierda a derecha, los golpistas más famosos presos en la ría de Ferrol: Luis Torres, Tejero y Milans del Bosch. LV

Con las sentencias condenatorias del Consejo Supremo de Justicia Militar, la propuesta de distribución del personal implicado puso sus ojos en la ría de Ferrol. Enviaban al penal militar naval de Caranza (que en los papeles de la época aún figuraba como ubicada en El Ferrol del Caudillo) al teniente general Jaime Milans del Bosch y Ussía, y al general de división Luis Torres Rojas. Para el castillo de La Palma se proponía el envío del general de división Alfonso Armada Comyn (candidato a ser el Elefante Blanco en todo el operativo golpista y que al final terminó en Alcalá Meco), y del comandante José Luis Cortina Prieto (jefe de la agrupación operativa de misiones especiales del Cesid, que acabaría absuelto).

La Palma, hotel de sublevados

Pero a La Palma sí que llegarían otros presos con pedigrí golpista, a mayores del malagueño Tejero. Aquí acabaron los siguientes capitanes de la Guardia Civil: Carlos Lázar Corthay, Juan Pérez de la Lastra, Francisco Acera Martín y Enrique Bobis González. Y como el fervor antidemocrático no cesaba en la España de la época, La Palma acabaría convirtiéndose en una especie de hotel de sublevados. Hasta la fortaleza también fueron trasladadas otras dos piezas del tablero de ajedrez del 23F: los coroneles Ignacio San Martín López y Miguel Manchado García.

El «dolce far niente»

La hemeroteca permite asomarse al dolce far niente de los golpistas en las prisiones de la ría. En el caso de Milans del Bosch y Torres Rojas, cada uno de ellos contaba en Caranza con un dormitorio individual y un baño con ducha; además de compartir un salón con bar. «Pueden oír la radio y ver la televisión, por la mañana tienen dos horas de paseo», indicaban desde las instalaciones. El propio Milans del Bosch apuntaba que «a fuerza de voluntad, cerrando los ojos, hago cinco o seis kilómetros diarios».

Aseos para la celda de Tejero en Mugardos.
Aseos para la celda de Tejero en Mugardos. CESAR TOIMIL

Entre las visitas, desembarcaban generales, jefes, oficiales y antiguos miembros de la División Azul, a la que perteneció Milans del Bosch. «Pero no abundan coroneles y tenientes coroneles en activo y con posibilidad de ascenso a general», apuntaban las crónicas. En Caranza, recibían cada tarde el periódico El Alcázar. Y los cocineros les preparaban guisos, paellas y ensaladillas. Cuando Tejero entró en La Palma se instaló una calefacción de butano, para mayor disfrute de sus salones con sofás de terciopelo. El teniente coronel pasaría allí ocho meses, pese a las protestas de su abogado por la humedad del recinto.

Mientras tanto, las mujeres de los golpistas, Arlette Dubois de Torres y Amparo Portoles de Milans, iban a misa en Ferrol con Carmen Polo (viuda de Franco). El oficiante evocaba la figura del dictador, recordaba pasajes de su testamento y aludía al «libertinaje y promiscuidad sexual». Cuando quedaron libres los capitanes del instituto armado en La Palma, fueron agasajados con un banquete en un restaurante de A Coruña. «Lo organizó el propietario de la cafetería, que prestó un chalé de verano a la familia del comandante Ynestrillas (artífice con Tejero de la operación Galaxia) y un coche a la esposa de Bobis González», revela un documento desclasificado el pasado miércoles. Al anfitrión se le definía como «residente en la ciudad, propietario de algunos barcos de pesca, mantiene frecuentes contactos y relaciones con gente de esa ideología... que en el fondo obedecen a su carencia de personalidad y a un afán de beneficio propio [por lo que su presumible personalidad se hace inexistente]».

El último preso de Caranza

Milans del Bosch fue el último prisionero de Caranza. A su salida, en 1989, se clausuró el penal. Volvería a Ferrol en 1990, homenajeado por aquellos que durante su estancia entre rejas lo colmaron de vinos gran reserva y jamones pata negra. La fiesta se celebró en el Parador de Turismo, con medio centenar de personas, a las que mostró su agradecimiento por sus visitas durante años en Caranza.

Alfonso Armada, el único que no gozó de las «cárceles de oro» de Ferrol, acabaría retirado en su pazo gallego de Santa Cruz de Rivadulla (Vedra) como devoto cultivador de camelias. Nunca reveló si él era el famoso Elefante Blanco, aliado con un cazador de sangre azul.