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Alan y Lars están dando la vuelta al mundo en un coche eléctrico para entrar en el Guinness: «En una ciudad de Bolivia solo había un cargador y se quemó»

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Una aventura de récord Guinness.Es lo que tratan de conseguir Lars y Alan, un noruego que vive en Dubái y un chileno nómada digital, sobre las cuatro ruedas de un Tesla: «Cuando nos perdimos en el desierto, sentimos miedo de verdad»

15 sep 2025 . Actualizado a las 13:28 h.

Hace unos días se encontraban por el lago de Como, en Italia, y no pueden despistarse de la ruta, porque tienen que llegar a Kirguistán, en Asia central, antes de que caiga la nieve en las montañas y cierren las carreteras. Lars y Alan se embarcaron en esta aventura en enero. El primero hace años que la tenía en su cabeza, pero cuando en octubre del año pasado se compró el coche fue tomando forma. Fue viendo los papeles que necesitaba, los problemas a los que tendría que enfrentarse por el camino, tuvo que ponerse las pilas con el tema de la electricidad, etcétera. Porque Lars no se compró un coche cualquiera, sino un Tesla Cybertruck con el que pretende recorrer todos los continentes, 60 países, y hacer más de 100.000 kilómetros en un año. Una hazaña con la que esperan lograr un récord Guinness. De hecho, ya presentaron la solicitud y fue aprobada a la espera de poder demostrar que han visitado el mayor número de países en un viaje con un vehículo eléctrico. Para ello, en cada país que pisan, además de hacer las típicas fotos de rigor, se quedan con varios contactos para que firmen como testigos.

 Cuando Lars se hizo con el coche, le preguntó a Alan, un youtuber chileno al que había conocido dos años antes en Dubái, donde reside el noruego, si quería apuntarse para el tramo por Chile. Alan le dijo sí, pero a todo, algo que a Lars le pareció estupendo. La idea original era cruzar Estados Unidos hasta México, seguir hasta Centroamérica y, una vez en Panamá, enviar el coche en barco a Lima. Pero por temas de seguridad en la frontera con México, cambiaron de planes sobre la marcha: se dirigieron a Miami y lo enviaron desde allí a Perú, aunque tardó algo más de lo deseado. «Yo creo que lo olvidaron en el almacén. Luego tenía que pasar por Cartagena, en Colombia, y lo quitaron del barco y lo dejaron en otro. Ninguno teníamos experiencia en esto, pero la sensación es que los funcionarios de las aduanas no son muy eficientes. También es que es un coche raro y eléctrico, no saben cuáles son los requerimientos, y todo retrasa». Los trámites les costaron 7.000 dólares, unos 6.000 euros, y apuntan que solo 1.100 van para sufragar el trayecto, «el resto son papeles y burocracia».

Alan y Lars no ocultan que la aventura está siendo un aprendizaje, y que cada etapa que superan les aporta nuevos conocimientos que van aplicando en los siguientes kilómetros. «Estamos adquiriendo conocimientos y también adaptadores y cables que nos van sirviendo para el resto del país. Los últimos días que estamos en un país cargamos más rápido que al comienzo», apunta Lars, que, junto con Alan, va retransmitiendo todas sus peripecias a través de la cuenta de Instagram @cyberlocos. «En la primera ciudad a la que llegamos, Copacabana, en Bolivia, no tenían conexión a tierra en el enchufe en el que teníamos que cargar. Solo había un hotel en todo el pueblo que tenía cargador y conexión. Y cuando llegamos nos dijeron que nunca lo habían usado. Había una persona tratando de ayudarnos, pero finalmente se quemaron los fusibles... Ni siquiera pudimos usar el único cargador que había», cuenta Alan, que aclara que todo esto lo están haciendo por su cuenta sin ningún apoyo de la marca.  

FRANCIA, MEJOR PREPARADO

Aunque empezaron con mal pie, enseguida se rearmaron para buscar una solución. «Finalmente, encontramos otro hotel que tenía un enchufe que nos podía servir, y tuvimos que tirar cables desde un tercer piso con un alargador para llegar hasta él», apunta Lars, que confiesa que al coche le restaba un 16 % de batería, suficiente para moverse algo, pero no para llegar a la siguiente ciudad. Normalmente lo cargan para que les dé autonomía para 500 kilómetros, pero si van sin aire acondicionado o conduciendo tranquilamente, quizás pueden llegar hasta 600. «Si cargamos en las casas, o como hicimos en Perú, en universidades, institutos u hoteles, podemos llegar a 2,5 % por hora. Es decir, necesitamos dos días para ir de cero a cien. Aunque nosotros también tenemos un cargador eléctrico de gasolina, por si acaso, y carga 1,2 % por hora. Cuatro días para cargarlo por completo. Pero no lo usamos, es una cosa para emergencias. Los más rápidos los hemos encontrado en Aruba, Venezuela, en menos de una hora estaba listo», explica Lars, que aclara que nunca lo cargan completamente, sino que lo dejan al 80-90 %. La infraestructura que se van a encontrar en el siguiente destino a la hora de recargar el vehículo es toda una incógnita. Mientras que de Francia destacan que está muy bien preparado en este aspecto, en otros se han topado con más de un obstáculo. «En Chile, hay cargadores, pero para usarlos necesitas tener una aplicación, y necesitas una tarjeta de crédito del país, que nosotros no teníamos. Porque hay que ir al banco a hacer una tarjeta. Entonces, tuvimos que pedirle a una persona por la calle que pagara, y nosotros darle el dinero en efectivo. Son problemas, claro. En Brasil, las aplicaciones piden un NIE (un número de identificación brasileño). A veces, no lo ponen fácil. Hay infraestructura, pero hay problemas, que creo que la mayoría de gente no encuentra, porque no están viajando como nosotros. Normalmente, usan el coche eléctrico para ir al trabajo y volver».

Aunque no todo han sido incidencias, cierto es que de los momentos de tensión han sacado buenas enseñanzas. Cuentan que el momento en el que llegaron a sentir más miedo fue cuando se perdieron por las dunas del desierto de Atacama, en Chile, en plena noche. «Estuvimos 45 minutos perdidos, y no podíamos parar, porque si lo hacíamos, igual no podíamos seguir porque nos podíamos quedar atrancados en una duna. Había una especie de tormenta de arena, no se veía nada. El coche estaba a punto de quedarse enterrado, y nos estábamos quedando sin batería. Finalmente, paramos y nos bajamos. A todo esto, estaba totalmente oscuro en mitad del desierto, caminamos y caminamos hasta encontrar un camino que estaba como abandonado. Volvimos al coche, y logramos llegar a ese camino. Pero la situación fue bien estresante».

Hasta la fecha han recorrido 15 países: Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil... La lista va creciendo poco a poco, pero sin pausa. Aunque en Brasil tuvieron que hacer una, y larga. Desde São Paulo enviaron el coche a Róterdam, adonde tenía que haber llegado a finales de junio, y sin embargo, lo hizo con seis semanas de retraso. «Las aduanas estaban en huelga durante 120 días y nos pilló», explican estos aventureros, que apuntan que otra vez el trámite no bajó de los 7.000 dólares.

Este contratiempo les hizo no dormirse en los laureles, y no parar más allá de lo necesario. De Holanda, donde hicieron cuatro eventos, se fueron a Bélgica, Francia, y después de cruzar Andorra, llegaron a España, y solo pudieron parar en Gerona, aunque a Lars, que vivió en A Coruña durante ocho años mientras trabajaba en Inditex, le hubiera gustado venir a Galicia. «Si no fuera porque íbamos muy justos de tiempo, me hubiera encantado acercarme para enseñarle el coche a la gente, y a todos mis amigos y excolegas». Pero el objetivo es visitar el mayor número de países, así que solo con poner los pies en una ciudad, ya lo dan por válido. Pero el récord Guinness, y son palabras mayores, no es el único reto que se han propuesto. «Uno es cruzar todos los continentes en coche eléctrico para demostrar que sí se puede, y esto tiene que ver con la electromovilidad. Alan propuso que ya, de hacerlo, podíamos conseguir el récord Guinness, y, francamente, mola. Pero además, también es para animar a la gente, llevar un poco la alegría allá donde vamos. Quizás más en Sudamérica, porque aquí nos coincidió en pleno verano y es más complicado organizar cosas, pero allí hicimos muchos eventos con los alcaldes de las ciudades. Nos dejaban aparcar en el centro para que la gente pudiera venir a ver el coche, sacar fotos...». Esos encuentros, aseguran, les sirven de mucho, ya que cuentan que de algunos salen contactos que les facilitan el alojamiento en los siguientes destinos. «Igual nos dicen: ‘Yo conozco a alguien que los puede hospedar en no sé dónde'. Algo así. Nunca dormimos en el coche, casi siempre en casa de gente o en hoteles. En Latinoamérica nos hacían canje. Nos sacábamos alguna foto o vídeo frente al hotel con el Cybertruck y nos invitaban a dormir. Y muchas veces es la gente la que nos invita a dormir en su casa. Cuando llegamos a un destino, hay tanta conmoción por las personas que vienen a recibirnos, que nos invitan a sus restaurantes, a sus negocios...», explica Alan, que recalca que están abiertos a patrocinios o colaboraciones.

Por delante, les quedan meses de aventuras, porque el objetivo es llegar a Dubái en octubre, donde tendrán de nuevo que enviar el coche en un contenedor hasta África.