A Salvador Illa nadie podrá reprocharle una mala palabra. Habla bajito, pero eso no cambia ni un ápice su talante de guardián de las esencias del sanchismo. En la década pasada, no era más que un ejecutor de las instrucciones de Miquel Iceta —ay, qué currículo para un ministro de Cutura— que tenía muy buena prensa entre la militancia por esa educación extraordinaria que exhibe. Llegó a Madrid para ser ministro de Sanidad de rebote tras demostrar su lealtad al nuevo PSOE en las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez tras las elecciones del 2019.
Teóricamente, su misión era prepararse para suceder a su mentor Iceta en un puesto sin apenas competencias. Pero sufrimos la pandemia y el licenciado en Filosofía que fue concejal de su pueblo, La Roca del Vallés, desde los 21 años optó por refugiarse detrás de Fernando Simón después de hacer la vista gorda con los contagios y surfear la pandemia en un cómodo segundo plano del que aún quedan muchas incógnitas por esclarecer.
Esa imagen conciliadora le dio una muy meritoria victoria en Cataluña. En el 2021 consiguió 33 escaños. Resistió en el puesto de jefe de la oposición y recogió los frutos en el 2024, con 42 escaños que le sirvieron para ser el tercer presidente socialista de la Generalitat catalana tras Pasqual Maragall y José Montilla. Pero ya han pasado doce meses y, más allá de las concesiones al separatismo y a volver a hacerse fotos con Felipe VI, la huella de Illa, como casi siempre, es inexistente. Como Sánchez, sigue sin presupuestos. Y ha tenido que retrasar la puesta en marcha de la agencia tributaria catalana al menos hasta el 2028 por falta de capacidad. Mantiene el hostigamiento a los defensores del castellano y la pleitesía a los postulados independentistas. La deuda de Cataluña no para de crecer y algunas fuentes cifran en más de dos mil millones el sobrecoste de personal de la Generalitat en el último año. Aun así, Illa mantiene las formas y una buena nota entre la ciudadanía. La política debería ser algo más que gestos, pero a él le funciona por ahora.
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