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Despliegue colosal, organización bajo mínimos

María Cedrón LA VOZ EN VALENCIA

ACTUALIDAD

La vigilancia policial se ha extremado en la zona cero, donde ayer trabajaban alumnos de la escuela de la Policía Nacional de Ávila.
La vigilancia policial se ha extremado en la zona cero, donde ayer trabajaban alumnos de la escuela de la Policía Nacional de Ávila. María Cedrón

Los saqueos continúan en la zona cero de la dana con asaltos a locales donde guardan la ayuda humanitaria

12 nov 2024 . Actualizado a las 07:42 h.

Francisca busca una frutería. Avanza con su carro por una acera embarrada del barrio de La Torre, en Valencia, pero la tienda ya no está. La que había enfrente, tampoco. Donde antes había plátanos, naranjas, mandarinas, caquis..., ahora hay personas que escogen prendas entre montañas de ropa apilada en el interior de un local con los ventanales destrozados. Desde fuera se ve el interior. Es un caos.

El local hace esquina. En un lateral está Francisca. En el otro, tres voluntarias del barrio, se desesperan. Tratan de salvar lo que queda de las cajas de mascarillas, pañales de adulto, toallitas de bebé... que habían logrado reunir gracias a donaciones llegadas de toda España: «Esto era un punto de recogida de medicamentos, ropa... Ha habido gente voluntaria que ha estado haciendo guardias para poder dar un servicio a los vecinos... Pero de repente, de la noche a la mañana, con todo esto montado, el dueño del local nos ha pedido que nos fuéramos. Levantó la persiana y entró todo el mundo. Ahora todo este material está inservible, no se puede donar», explica.

No quiere publicar su nombre porque es del barrio. Porque la conocen. No quiere problemas. Y como ella, las demás. «Hasta vimos niños con jeringuillas de insulina en la mano», apunta otra mientras se echa las manos a la cabeza porque no da crédito a lo que pasó.

No es el único local en el que ha habido saqueos. En polígonos industriales como el de Ribarroja del Turia hace días que aumentaron la vigilancia para evitar que continuaran los asaltos a naves destrozadas por la riada. Y mientras no les arreglaban las verjas o las cerraduras ahogadas por el agua, más de un autónomo vivió a pie de calle para evitar que alguien entrara en busca de un botín. Y también hay quien parece buscar tesoros entre los montones de objetos llenos de barro que se acumulan a la puerta de los establecimientos de la que parece que fue una calle comercial, mientras un guardia civil toma fotografías.

Tras el paso de la dana, según datos facilitados ayer por el Ministerio del Interior, fueron detenidas 371 personas por presuntos delitos de pillaje o robos ocurridos en la Comunidad Valenciana, 118 en la última semana. Incluso algunos trataron de hacerse pasar por voluntarios que venían de ayudar a un amigo para saltarse un control.

Los días avanzan en la zona cero, pero ni los 18.200 efectivos desplegados por el Gobierno en la comunidad entre militares, policías nacionales, guardias civiles y técnicos forestales logran extirpar el caos de muchas calles que, doce días después, todavía están llenas de barro. Eso que, según el Ejecutivo, ahí trabajan más de 200 equipos pesados y ligeros para extraer agua y lodo. Unas máquinas que llegaron después de que empresas de maquinaria pesada que, de forma voluntaria, bajaron a Valencia cuando tuvieron conocimiento de la emergencia, llevaran ya días trabajando.

Guerra al barro

Todo este «despliegue colosal», como lo calificó ayer Sánchez, se empieza a notar, pero no tanto como debería. Y sobre esta guerra contra el lodo, cada uno tiene su versión. Mario Costa, que es de Cullera, pero trabaja en un taller de pintura para coches en Benetusén está agradecido a los chicos del Ejército que le sacaron todo el material pesado del local: «Sin ellos no habríamos podido sacar todo eso. Están trabajando mucho, sacando cosas de bajos a los que no habían ido ni los dueños», dice mientras echa la mirada al fondo, respira, y describe la imagen como «una guerra sin armas, con trincheras de escombro y barro».

El mismo barro que golpeó en un ojo al soldado Calderón o los restos de una nevera que le dejaron dos puntos en un dedo a la soldado Blesa. Y por eso Concha, a sus noventa años, sale de su casa en Masanasa para aplaudir a los alumnos de la escuela de la Policía Nacional de Ávila que estuvieron paleando barro por el municipio. Y por los balcones, los vecinos cuelgan sábanas de agradecimiento a los voluntarios.

«Hay muchos soldados, pero falta un coronel»

Todo el mundo da el callo, pero no hay organización: «Hay muchos soldados, pero falta un coronel», dice metafóricamente Juan, Illa, que lleva en Valencia once días manejando de forma altruista la maquinaria pesada que tiene en su empresa, imprescindible para retirar el escombro que se acumula en las calles. «Aquí ha venido gente muy valiosa. Cada uno tiene una especialidad y sabemos trabajar, pero no hay nadie que nos dirija o nos guíe. Yo acabo de recoger en una calle y que me digan vete a aquella, que allá voy. Pero todo tiene que tener un orden. No puedes limpiar por abajo y que luego lleguemos las máquinas por arriba y volvamos a ensuciar», cuenta.

Esa falta de organización es la que ha provocado que algunas empresas hayan optado por retirarse: «He pensado en irme, pero hemos venido a colaborar. Echar las horas que sean. Pero llegas a discutir porque no te dan faena».

Y faena hay. Para todos. Cada uno con lo que pueda. Desde ayuda para los que se la jugaron salvando gente y acabaron sin nada, a máquinas que quepan por los garajes para poder entrar a desescombrar como la que ayer, como dice, consiguió Illa «después de hacer llamadas a conocidos y amigos en Alicante».

Lo que no faltan son más alimentos. Falta orden. O eso dicen los que llevan doce días pisando barro.