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¿Peligra el calendario para el veto al coche de combustión en el 2035?

Cristina Porteiro
C. Porteiro REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

ANGEL MANSO

Si no se resuelve la disputa con Alemania, el Consejo podría modificar la propuesta y renegociar las fechas

04 mar 2023 . Actualizado a las 13:37 h.

«A su debido tiempo». Es el enigmático calendario que ha dado la presidencia de turno de la Unión Europea (UE) —en manos suecas desde el 1 de enero hasta el 30 de junio, cuando España tomará el relevo— para retomar la ratificación formal de la ley. Alemania la ha paralizado en el último minuto. No verá la luz el próximo martes 7 de marzo, como estaba previsto. En esa fecha, los 27 ministros de Educación debían poner su firma al acuerdo, una mera formalidad, pero el expediente no estará sobre la mesa.

A pesar de que los embajadores comunitarios de Italia, Hungría, Bulgaria y Polonia también manifestaron sus reservas, el rechazo frontal de la cancillería germana ha sido determinante a la hora de suspender el proceso de aprobación. Los Veintisiete no seguirán adelante sin la bendición de Berlín. Se necesita una mayoría cualificada en el Consejo —que represente al 55 % de los Estados miembros (al menos 15) y el 65 % de la población de la UE— para salir adelante.

Eso requiere negociar contra reloj. El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, ya ha levantado el teléfono para convencer al Ejecutivo de Olaf Scholz. La propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se reunirá este domingo con el canciller para desatascar la negociación, según Bloomberg.

¿Peligra el calendario? No, siempre que Bruselas acceda a la demanda de Alemania: plantear de inmediato los términos de un plan para extender la vida de los motores de combustión alimentados con combustibles sintéticos más allá del 2035. Ya lo advirtió a principios de semana el ministro alemán de Transporte, Volker Wissing, quien aseguró no haber recibido ninguna respuesta por parte de Bruselas. Si no se llega a un acuerdo, la normativa quedará empantanada, a pesar de contar con el visto bueno de la Comisión y el propio Parlamento Europeo.

¿Qué implicaciones tiene este veto? La primera es que socava la confianza entre instituciones y cancillerías. No es habitual que un país se eche atrás una vez que se ha cerrado un acuerdo a tres bandas (trílogo) entre la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Consejo. Antes de llegar a ese punto, los 27 Gobiernos europeos negocian entre sí hasta llegar a una posición común que defienden a su vez frente a las propuestas de las otras dos instituciones. Este trabajo ya estaba hecho y es el que se ha echado por tierra.

Tampoco es habitual que una cancillería respalde sobre el papel una medida —Berlín avaló el pasado mes de octubre el calendario para poner fin a la fabricación de coches que emitan CO2— y se desdiga solo cinco meses después y en el último minuto. Y es que la votación a nivel de embajadores de la UE es técnicamente el último escollo antes de alumbrar oficialmente una nueva medida.

Renegociación

Si el Consejo no lo aprueba en una futura votación, los Veintisiete podrían modificar la propuesta legislativa y enviar de vuelta el expediente a la Eurocámara. El Parlamento Europeo tendría que volver a revisarlo, retrasando el calendario previsto de adopción y transposición a las legislaciones nacionales.

Y eso abriría la puerta, claro está, a posibles cambios en su redacción. Una situación que podrían aprovechar algunos países para dilatar el calendario. Portugal, Italia, Eslovaquia, Rumanía y Eslovaquia ya pidieron en verano que la prohibición de matricular vehículos de combustión se retrasara al 2040 para disponer de más tiempo para adaptar fábricas e infraestructuras.