Un siglo atrás, cuando el fondo de armario solo guardaba telarañas y el «prêt à porter» ni se soñaba, el vestido de fiesta o el traje hecho a medida duraban toda la vida. La ropa se reciclaba constantemente: la más tosca se remendaba en casa y la más fina, llegada la ocasión festiva o luctuosa, se llevaba a la tintorería. Y así fue como, durante nueve décadas, cientos de miles de prendas entraron en los talleres de la Gran Tintorería España -fundada por Antonio Pérez Gantes en 1915- para su limpieza, planchado o teñido.
Fernando Salgado