Las agrupaciones de marisqueo trabajan a ralentí o están, directamente, paradas, y eso tiene un reflejo contundente en las salas de subasta del sur de la ría
Clientes como Julio y Zaida se desplazan treinta kilómetros cargados con garrafas para repostar en sitios como Barro: «Miramos la aplicación y vamos al lugar con mejor precio»