Señala que esto provoca que algunas empresas «se hayan convertido 'de facto' en beneficiarias de significativas cuantías de la subvención concedida, en principio, por el SEPE a las organizaciones empresariales y sindicales»
El dinero robado con el urbanismo, las obras y los servicios públicos ha servido tanto para financiar partidos y alimentar redes clientelares como para el enriquecimiento personal