La arquitectura de los penales, la tecnología y la coordinación hacen casi imposibles huidas como la vivida en un penal cercano a Lisboa, con cinco reos a los que todavía se busca, incluso en Galicia
Piden hasta trece años de prisión para los cabecillas de la trama, que manipulaba los vehículos o ni siquiera se los llegaba a entregar a sus compradores