Siendo niño, Amador Bañobre aprendió con rapidez el catecismo y comenzó a ayudar al sacristán de su parroquia. Su relación con el ámbito religioso se ha mantenido firme desde entonces
La película «El creyente» es una hermosa metáfora de la búsqueda del amor y la identidad, de la soledad experimentada en tiernas carnes que todavía aprenden a sentir.