Francisco Soto, que instaló su taller en una nave municipal, reclama al Concello las pérdidas. El gobierno local asegura que le cedió el espacio solo para almacenamiento y que no tenía autorización para trabajar
Los primeros indicios apuntan a un suicidio, pero el hombre llamó a unos vecinos el pasado miércoles para pedirles que le diesen de comer a sus animales, ya que su mujer se había marchado «para no volver»