El Kepler-37b, en cuyo descubrimiento participaron científicos españoles, tiene un tamaño entre la Luna y Mercurio, es rocoso, de alta densidad y sin atmósfera ni agua
Vecinos de Cheliabinsk están comercializando pedazos del cuerpo astral que cayó la semana pasada, aunque las autoridades advierten del riesgo de estafa a los compradores
El cuerpo celeste entró en la atmósfera a una velocidad de 18 kilómetros por segundo, lo que supone 65.000 kilómetros por hora, es decir, 30 veces más rápido que un avión Concorde