En la de Angelito ya no se baila, ni se venden ataúdes, ni se arreglan zapatos, ni se recoge la leche para Larsa, pero esta taberna de Meis casi centenaria sigue teniendo muchas cosas que ofrecer
En la de Angelito ya no se baila, ni se venden ataúdes, ni se arreglan zapatos, ni se recoge la leche para Larsa, pero esta taberna de Meis casi centenaria sigue teniendo muchas cosas que ofrecer