Se vio obligada a denunciar a su hijo al ver que se había convertido en su víctima. Hasta darse cuenta de esta situación pasaron muchos años. Primero fueron las acaloradas discusiones que consideraba propias de la edad del menor, pero luego ya llegaron los insultos y las humillaciones
La defensa alegó que la acusada había sufrido malos tratos y solo buscaba que el denunciante la dejara en paz: «El fin no justifica el medio», acota la Audiencia