Cuatro años después de la muerte de Gadafi, los combatientes que lo derrocaron, con ayuda de la OTAN, siguen derramando la sangre de muchos libios en su lucha por hacerse con el poder
La decisión de Bernardino León ha abierto un cisma en la capital libia entre quienes buscan tender puentes y los que consideran que se trata de una injerencia en la soberanía nacional