Una infección grave repentina acaba con la vida del Nobel Günter Grass a los 87 años, cuando ultimaba su nuevo libro y sin que se acallase el ruido por su confesada militancia nazi juvenil
Ingo Schulze cree que la verdadera novela sobre ese relevante proceso histórico, un subgénero literario en sí mismo, es asunto pendiente y ha de ser escrita por alguien del oeste