Sus relojes marinos permitieron en el siglo XVIII determinar la longitud recorrida a bordo de un barco, pero su propósito de construir un cronómetro perfecto que se retrasara menos de un segundo en 100 días lo convirtió en hazmerreír de la época. El tiempo, 250 años después, le ha dado la razón
«La gente no tiene miedo al cambio, tiene miedo a las incertidumbres», dice el responsable de negocio de la compañía en España y Portugal dentro de unas jornadas de la Universidad