La intensidad del endeudamiento de las administraciones ha estado siempre bajo el foco de la comunidad académica y la opinión pública porque los gobiernos de todo color e ideología han mantenido este recurso en sus agendas de forma impenitente. Trivializar su uso puede resultar a la postre tan tóxico como abusar del mismo, especialmente en un momento económico como el actual, en el que el debate sobre su conveniencia ha acabado por acaparar un especial protagonismo.
Luis Caramés Viéitez