Ni las autoridades de Rochester, donde se asentaba la sede, ni los vecinos tuvieron nunca noticia del aparato, sepultado en un búnker con unos muros de 60 centímetros de grosor
Un militante logró sobrevolar e introducirse con un parapente en una planta cercana a Lyon y el otro ogró penetrar en la de Civaux aprovechando la entrada de un camión de aprovisionamiento