Ella urdió un plan que salió a la perfección. Él le contestó con un «sí» y un apasionado beso. Y la grada del fondo norte coronó el momentazo con aplausos y gritos de «¡Qué vivan los novios!»
El naronés, que se inició en el desenso de carrilanas y comenzó a brillar con su mujer de copiloto, compagina las carreras con su Alpine con la conducción de la grúa de asistencia de la empresa familiar