«Daquela estaba máis alá que aquí», recuerda Juan Carlos Agustín Espasandín. Entró en el quirófano del Chuac in extremis y salió con un latido de titanio. Hoy, ya trasplantado, lleva una vida «medianamente boa» en Vimianzo. «¡Que en dez anos poidamos volver a contalo!», dice
Adolfo Rodiño Triñanes, fallecido en A Coruña el pasado miércoles, no solo alcanzó prestigio como neurocirujano. Compañeros y pacientes recuerdan su humanidad y su carácter afable y cercano
El doctor, que era también neurólogo, desarrolló toda su carrera profesional en el Chuac, donde ocupó la jefatura de servicio, y fundó la Sociedade Galega de Neurocirurxía