Las tensiones comerciales y geopolíticas han trazado un escenario de enorme tensión a nivel global cuyo desenlace es tan incierto como peligroso. Lo coyuntural corre riesgo de convertirse en estructural. En España, sin ir más lejos, el clima político se ha convertido en un agitador más que en un catalizador del bien común. Es preciso afinar las recetas para gestionar este momento.
Luis Caramés Viéitez