El personal sanitario, los guardias de seguridad y los voluntarios que controlan la ciudad hacen jornadas maratonianas, mientras los ancianos son los que más sufren las consecuencias de las restricciones y el aislamiento
Con 60.000 casos activos, el confinamiento radical de sus 25 millones de habitantes les está llevando a una situación límite. La gente grita en la noche desde las ventanas y protesta en la calle. Recurre en ocasiones al pillaje frente a las crecientes dificultades para el suministro de comida y bienes esenciales.