El hombre, un dominicano que aprendió a fabricar bombas en una revista de la banda en Internet, tenía en el punto de mira a empleados del Gobierno, militares retirados y políticos electos.
Pese a que el consumo de esta droga, que se cobró miles de vidas y de infectados por VIH en la década de los 80, está controlado, los expertos piden no bajar la guardia.