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La prensa internacional se rinde a la sidra asturiana: «Viva, fresca y profundamente ligada a la tierra»

S. M. REDACCIÓN

VIRAL

Botellas de sidra con hielo durante el acto de conmemoración del Día Mundial de la Sidra, en la plaza de la Catedral de Oviedo
Botellas de sidra con hielo durante el acto de conmemoración del Día Mundial de la Sidra, en la plaza de la Catedral de Oviedo Imanol Rimada | EUROPAPRESS

El periódico británico Financial Times publica un amplio reportaje sobre esta bebida y sobre la vida en Asturias: «Hay una sensación colectiva de bienestar»

01 may 2026 . Actualizado a las 12:34 h.

La mirada internacional vuelve a posarse sobre Asturias y esta vez lo hace con una admiración abierta hacia la sidra, uno de sus grandes símbolos culturales y gastronómicos. Un amplio reportaje publicado por el diario británico Financial Times sitúa a la cultura sidrera asturiana en el escaparate global con una crónica que retrata el Principado como un territorio donde la manzana «ocupa el lugar que la uva tiene en el resto de España» y donde beber sidra es una forma de entender la vida.

El periódico económico, referencia internacional en información y análisis, describe con detalle la experiencia de entrar en una sidrería tradicional asturiana, detenerse ante una mesa de madera desnuda, compartir platos de cocina local y contemplar el ritual del escanciado como quien asiste a una ceremonia. El cronista habla de «una sensación colectiva de bienestar» suspendida en el ambiente y resume el efecto de varios culines con una frase reveladora: «Todo parece estar en su sitio». Una descripción del producto que sirve de constatación de una atmósfera social única que, desde fuera, se percibe como uno de los grandes tesoros identitarios de Asturias.

La publicación británica subraya que durante mucho tiempo la sidra fue vista como una seña de identidad estrictamente local, algo profundamente asturiano y, precisamente por ello, poco proyectado hacia el exterior. Sin embargo, el reconocimiento de la cultura sidrera asturiana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2024 ha cambiado esa percepción. Desde entonces, Asturias ha comenzado a presentarse ante el visitante internacional como una tierra donde la sidra articula paisaje, economía, gastronomía y convivencia. «Aquí la sidra reúne», viene a decir el reportaje al explicar que no se consume por vasos, sino por botellas compartidas, convirtiendo cada escanciado en una invitación a la conversación y al encuentro.

El texto recorre enclaves emblemáticos como Oviedo, Gijón, Villaviciosa o Nava, y se detiene tanto en grandes llagares históricos como en pequeños chigres rurales donde todavía resiste una Asturias de barra, tienda de ultramarinos y cocina de cuchara. Allí descubre la fabada, el pitu de caleya, las zamburiñas o los fritos de pixín como compañeros naturales de una bebida que define como «viva, fresca y profundamente ligada a la tierra». También pone el foco en el paisaje, desde las pomaradas en flor, los valles verdes, las caserías y hasta los pueblos donde la manzana sigue marcando el calendario agrícola.

Especial relevancia concede el diario a la autenticidad del ritual sidrero. Explica el escanciado no como un simple gesto estético, sino como la técnica imprescindible para despertar el carbónico natural y ofrecer ese golpe de frescura que los asturianos reconocen al instante. «Hay que atrapar el chorro», recoge el reportaje al narrar las lecciones de un escanciador veterano, sintetizando en una frase la precisión casi artesanal de una práctica transmitida de generación en generación.

Detalle de un vaso de sidra
Detalle de un vaso de sidra Paco Paredes | EFE

Pero quizá el elogio más significativo llega en la conclusión. Tras recorrer sidrerías, museos, llagares y chigres, el corresponsal resume su experiencia con una sentencia tan sencilla como rotunda: 'The cider house: it rules'. Traducido, «la sidrería manda». O, dicho en clave asturiana, que pocas cosas representan mejor el carácter abierto, hospitalario y festivo del Principado que una botella verde alzada en el aire, un culín bien tirado y una mesa compartida.