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Y sin embargo

Andrés Menéndez Puente

SPORTING 1905

01 ago 2016 . Actualizado a las 14:36 h.



Cinco años. Un lustro. No parece mucho tiempo. Preciado - imposible recordar su figura sin una sonrisa- era el comandante de la nave rojiblanca y Sergio Álvarez - un niño que apenas acababa de finalizar su etapa de juvenil- la mayor perla de la escuela de fútbol de Mareo. No fue un buen año para nadie. Un infarto se llevó a Manolo y el Sporting - después de destituir a su padre futbolístico- descendió a los infiernos de Segunda.

Las circunstancias y la celeridad fueron un lastre demasiado grande para un chaval de apenas 19 años. El Molinón tampoco tuvo paciencia. Sergio era entonces un proyecto de futbolista ante la exigencia de la Liga más competitiva del planeta. Los comienzos no son fáciles para nadie, aunque hayas nacido para ser esencia , pero el destino -cruel e injusto en ocasiones-  le debía una segunda oportunidad.

El Sporting vivía ahogado en sus penas, no había proyecto ni futuro. Gijón había vuelto a perder la esperanza. Eran momentos de inestabilidad y turbulencias. Sergio cayó en un pozo sin fondo, el del olvido. Ese mismo cajón donde guardamos los juguetes rotos. Alejado de los terrenos, apartado de sus compañeros y sin sitio en el equipo. Cuando lo fácil era abandonar, Sergio sobrevivió a la incertidumbre.

Quizá Álvarez no es el mayor talento del continente pero sí uno de los futbolistas con mayor corazón. Su ambición y fe ganaron la partida al tiempo. Sandoval - ese mismo que desterró al avilesino y apostó por López Garai o Bustos- recurrió por necesidades del guión a un pura sangre. Apostar por Álvarez es hacerlo por un caballo ganador.

Sergio parecía un pulpo. Su mapa de acción iba siempre ligado al balón. De descartado a actor principal. La llegada de Abelardo - quizá el entrenador más importante de su carrera- confirmó que el tenaz avilesino había vuelto para quedarse. Su vorágine competitiva es tan sincera como su amor por sí mismo.

Abelardo entendió que la mejor manera de competir era adaptarse a su futbolista más honesto. Sergio fue el pionero de un estilo triunfador que prioriza el sacrificio a la cosmética. Álvarez es causa - y también es efecto- de todo. Sin él no hay pócima ni éxito. Su capacidad para transmitir es suprema. No hay Sporting sin Sergio. No hay vida más allá de él. Su lesión coincidió - no es casual- con el peor momento deportivo en más de dos años, su regreso fue como un héroe sin capa. Llegó y resucitó al equipo a base de hiperactividad y goles. Sergio optó por perder su juego posicional e irse a por la victoria. Con cada susto con cada contusión - la última en tierras portuguesas- es siempre un buen momento para tener memoria. Un lustro no es tanto tiempo.

@andresmpuente

Foto: Marca