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La Belmontina y Casa Cundo se unen para no perder su esencia: «La mayoría de los clientes son comunes»

Esther Rodríguez REDACCIÓN

OVIEDO

Los hosteleros Belén Rodríguez y Joaquín Morán
Los hosteleros Belén Rodríguez y Joaquín Morán

La ciudad de Oviedo recupera así dos de sus negocios con más solera. El primero había cerrado sus puertas por un incendio en sus instalaciones y el otro por la jubilación de su dueño

14 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Oviedo ha recuperado parte de su historia y tradición gracias a la reapertura de dos de sus bares más míticos, que habían desaparecido de la oferta hostelera de la ciudad por diferentes motivos. Tras una pequeña etapa de cierre, La Belmontina y Casa Cundo han vuelto a la vida. Lo han hecho de la mano y además de una forma muy especial. Ambos establecimientos se han fusionado respetando, eso sí, la identidad y los rasgos que los definieron durante décadas. Esta integración permite preservar la esencia de estos clásicos, que concentran ahora la actividad en el conocido local de la calle San Vicente.

El resultado de esta unión no es más que la reapertura de La Belmontina en el espacio que durante más de medio siglo acogió el emblemático Casa Cundo, uno de los pocos bares de Oviedo en los que se podía respirar el ambiente de los chigres que hay en los pueblos. Después de que un terrible incendio dejara inutilizado el emblemático establecimiento, la propietaria de la taberna que a lo largo de siete décadas fue lugar de encuentro y de reunión de generaciones de asturianos decidió mantener con vida el legado familiar en el local que su amigo Joaquín Morán dejó libre, tras jubilarse el pasado mes de junio.

Trasladar el negocio que heredó de sus padres al bajo donde el suegro de Joaquín inició su actividad hostelera en 1970 fue fruto de la casualidad. «Ocurrió porque tenía que ocurrir», asegura Belén Rodríguez, la responsable de esta mudanza. A esta ovetense no le resultó nada fácil tomar esta decisión pero no le quedó más remedio que hacerlo. Como consecuencia del incendio que tuvo lugar el 7 de julio, su establecimiento sufrió importantes destrozos que hicieron que La Belmontina quedase fuera de servicio. Por suerte, no hubo que lamentar daños personales pero si perjuicios económicos.

El cierre del local supuso una importante reducción de ingresos que obligó a la hostelera a recurrir a sus ahorros. Llegó un momento en que no podía seguir tirando de sus fondos y, al ver que no podía reabrir el establecimiento dado su estado actual, decidió evitar «acumular más deuda» y optó por trasladar La Belmontina a otro lugar. «Me tenía que poner a trabajar de alguna forma. Y la solución era abrir en otro lado, mientras me dieran el local», asegura Belén, quien eligió el histórico Casa Cundo para iniciar una nueva etapa y continuar escribiendo la historia de La Belmontina, negocio que tomó las riendas hace 40 años.

Imagen antigua de la calle de San Vicente, donde se ubica el bar Casa Cundo. Es el segundo establecimiento empezando por la izquierda.
Imagen antigua de la calle de San Vicente, donde se ubica el bar Casa Cundo. Es el segundo establecimiento empezando por la izquierda. Casa Cundo

Que el negocio que fundó su suegro siga funcionando, aunque con otro nombre, le produce a Joaquín Morán una gran satisfacción. «Mi intención nada más jubilarme era vender el local para despreocuparme de todo. Pero como Belén me dijo que esperase porque igual le interesaba cogerlo, no lo puse a la venta, a pesar de que había gente interesada», asegura el hostelero ovetense, a quien le «gusta» ver que el bar «sigue como estaba» y que ahora lo regente alguien a quien tiene especial cariño. «Tenía claro que iba a mantener la esencia de Casa Cundo porque es del estilo de La Belmontina, sino hubiese cogido cualquier otro local», reconoce Belén.

Esa esencia se conserva en el mobiliario, que sigue siendo el mismo que cuando Casa Cundo abrió sus puertas. Mesas y sillas permanecen intactas, al igual que la barra. «Lo único que hice fue pintar y limpiar», asegura Belén. «Aunque no se ve, adecentó también la cocina y la puso a su gusto», apunta Joaquín. Y es que ahora, en este histórico local de la calle San Vicente sirven comidas y cenas, pae conversar así la oferta gastronómica que caracterizaba a La Belmontina. Las tapas son las protagonistas de la reducica carta, en la que sobresalen los callos y la carne, auténticas especialidades de este histórico bar.

El interior de Casa Cundo sigue intacto
El interior de Casa Cundo sigue intacto

Aunque ahora se mezclen estos dos establecimientos, ambos mantienen su esencia. Conservan además su clientela, que es también parte de ese mismo espíritu. «La mayoría de los clientes son comunes», asegura Belén, quien ha perdido buena parte de su afluencia habitual. Tras tanto tiempo cerrado, era inevitable que algunos buscaran otro bar de confianza. Sí que los fieles a Casa Cundo continúan acudiendo con regularidad, como hacían desde hace décadas. Sigue siendo parada obligatoria para aquellos que necesitan tomar un café antes de entrar a clase, tomarse la primera copa de la noche o echar la partida a las cartas con los amigos. A partir de ahora cada uno podrá venir con sus mejores amigos, puesto que los perros son bienvenidos en el local.

A Joaquín esta imagen le resulta gratificante. «Estoy muy contento de ver a mi gente, la que siempre venía por aquí. Me alegra muchísimo y espero que vengan todavía más. Las de ella también llegarán, porque ella también tenía mucha clientela», asegura el hostelero, visiblemente emocionado. Los sentimientos que lo invaden son tan intensos que no puede ni siquiera contener las lágrimas. No es de extrañar, tras tantos años detrás de la barra y todo lo que ha vivido. «Va hacer casi 60 años que el local está abierto, 45 de ellos los pasé aquí y los que me quedan porque seguiré viniendo», confiesa.

La terraza de Casa Cundo, es una de las partes favoritas de los clientes de este bar ovetense
La terraza de Casa Cundo, es una de las partes favoritas de los clientes de este bar ovetense

Otro de los emblemas de Casa Cundo es la terraza. Por si hubiese alguna duda, este espacio volverá a ser punto de encuentro en cuanto el tiempo y las labores de acondicionamiento lo hagan posible. Cuando esto ocurra, el trasiego será constante. «Muchos clientes cuando les digo que está cerrada se marchan», lamenta Belén, que sabe lo mucho que este espacio significa . «Cuando llegue la primavera y verano ya verás como viene todo el mundo», asegura Joaquín, quien siempre guardaba un sitio a aquellas personas que visitaban el local durante todo el año. «Si tenía que decir que estaba la terraza llena cuando no lo estaba me daba igual», confiesa.

Mientras retoma el contacto con la clientela de Casa Cundo y La Belmontina, Belén se familiariza con el nuevo local. «Aquello me lo conocía de memoria. Casi podía entrar a ciegas y sabía donde estaba cada cosa, aquí en cambio todavía me cuesta el simple hecho de tener que meterme entre la gente para servir las comidas», asegura la hostelera, quien, entre tanto, se recupera de las secuelas psicológicas que le provocó el incendio que asoló su establecimiento. Trata, al mismo tiempo, de buscar respuesta al origen del siniestro. «A día de hoy todavía no sé lo que pasó exactamente», confiesa.

Aunque quiere olvidar ese recuerdo de su cabeza, aún lo mantiene grabado a fuego. «Estábamos abajo cuando de repente sentimos la explosión, subimos y no se pudo hacer nada porque en cuestión de segundos estaba todo quemado. Es inexplicable porque no hubo ese olor a quemado ni tampoco hubo llamas», asegura la ovetense, quien desde entonces no soporta el olor a quemado, es incapaz de requemar el arroz con leche o hacer un carajillo. «Antes podía estar hablando contigo y controlando el fuego de la cocina, a día de hoy no, prefiero estar todo el rato pendiente. Ahora también nada más que escucho sirenas me pongo en alerta», cuenta.

La Belmontina mantenía la misma esencia que desde que abrió sus puertas hace décadas
La Belmontina mantenía la misma esencia que desde que abrió sus puertas hace décadas

Tiene la confianza puesta en que «algún día» esos temores que ahora siente se conviertan en parte del pasado. Lo que no tiene tan claro es si en un futuro no muy lejano podrá continuar con la actividad de La Belmontina en su emplazamiento original. «La reapertura ahora no depende de mi», reconoce y asegura que, de ser posible, seguirá manteniendo con vida ambos locales. «No hay mucha distancia de uno a otro, así que puedo ir de un lado a otro», admite. Como después de todo sabe que lo importante es el presente, Belén prefiere centrarse en el día a día y en atender a sus clientes, sin pensar demasiado en lo que pueda suceder más adelante.

Por su parte, Joaquín se centra en disfrutar de su merecida jubilación. «Yo estoy como Dios, encantado», asegura. «No hagas caso, que se aburre», dice Belén. «¿Tú crees que me aburro»?, le pregunta el alma de Casa Cundo entre risas. Esta complicidad que muestran y que tienen desde hace años ha hecho que, gracias a su unión, el casco antiguo de Oviedo siga teniendo vida, reflejando además la fortaleza del sector hostelero ante los desafíos.