La nueva revolución laboral

José Manuel Zapico SECRETARIO GENERAL DE CCOO ASTURIES

OPINIÓN

El responsable de CCOO en Asturias, José Manuel Zapico
El responsable de CCOO en Asturias, José Manuel Zapico Paco Paredes | EFE

01 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En TikTok hay culebrones protagonizados por frutas antropomórficas con más de 33 capítulos y cerca de 137 millones de visualizaciones. Se llaman «frutinovelas» y están hechas, claro, con IA. Hace unos días también se hizo viral el vídeo de un sacerdote, el padre Guilherme, pinchando una versión cristiana de «Café con Ron», la canción de Bad Bunny, con la letra cambiada: «Por la tarde oración, por la noche Dios con su protección». También hemos visto las imágenes que grabó el astronauta Reid Wiseman, desde la nave Artemis II con su teléfono móvil, en las que nuestro planeta desaparece por detrás de la luna ante lo que podrían ser nuestros propios ojos.

Así es una semana en el año 2026. La misma en la que publicaron su manifiesto político los dueños de «Palantir», una de las empresas estadounidenses más importantes en software de análisis de macrodatos (big data) e inteligencia artificial (IA). El texto plantea que las grandes empresas tecnológicas no pueden limitarse a crear aplicaciones de consumo, sino que tienen la obligación moral de participar en la defensa nacional y en lo que ellos llaman «la reconstrucción del poder occidental». Es decir, las grandes tecnológicas asumen abiertamente que su deber no se puede reducir a facilitarnos la búsqueda de una frase de Churchill o resumir un informe de 200 páginas. Quieren conducir el debate público. Ansían controlar las democracias liberales y se atribuyen el deber moral de liderar la seguridad nacional de Estados Unidos, la innovación militar y la competencia geopolítica con potencias rivales.

Es, sencillamente, una nueva reconfiguración del mundo. Una empresa privada, que sólo responde ante sus accionistas, está proponiendo derrocar la arquitectura de seguridad que se forjó tras la Segunda Guerra Mundial. Y lo cierto es que tiene capacidad para hacerlo. Sus códigos están incrustados en los sistemas de defensa de varios países europeos y por eso se atreve a publicar su vademécum tecnoautoritario.

No se trata aquí de prohibir las novelas chuscas protagonizadas por limones y bananas, se trata de empezar a legislar contra la amenaza tecno-oligarca y a favor de proteger nuestra independencia. Se trata de contener la furia anarcocapitalista que quiere hacerse con Europa como se ha hecho ya con Estados Unidos o Argentina. Usando a la extrema derecha como caballo de troya para arrebatarnos, curiosamente, eso que tanto presumen defender: nuestra soberanía y privacidad. El riesgo de la IA, como siempre, no está en la herramienta en sí misma. El riesgo está en qué manos permitimos que la controle. Si está al servicio de la salud de los asturianos y asturianas, por ejemplo, o de su propia rentabilidad. Si va a asesorar a un médico de la pública sobre cómo curarnos o le va a decir a Quirón quién tiene ingresos suficientes para poder pagarse un médico.

Primero los cazadores-recolectores usaron sus economías de beneficio inmediato para satisfacer sus necesidades más urgentes. Después los agricultores, con sus sistemas de beneficio diferido, lograron mantener sus reservas durante al menos un año. Luego Nietzsche mató a Dios, las fábricas empezaron a quemar carbón y se acabó la vida en comunidad. El capitalismo es tan extractivo como creativo, y ahora ha parido individuos que necesitan desmantelar la estructura moral de nuestros gobierno e instituciones.

Los expertos aún no saben exactamente cuántos empleos destruirá la IA porque algunas empresas la están utilizando como pretexto para ampliar sus márgenes; tampoco si, como parece, los perfiles más vulnerables serán los y las profesionales técnicos. El último estudio de Funcas es pesimista y dibuja un saldo negativo entre trabajos generados y destruidos. Lo que sí está claro es que necesitamos escudos, defensas sólidas contra los vaivenes internacionales. Las familias asturianas no pueden estar pendientes de los tuits de un caudillo estrafalario para saber si podrán irse de vacaciones este verano o tendrán que rezar para que no se estropee la lavadora. En CCOO de Asturies hemos elaborado un documento con todas las claves que deben aplicarse para que asturianos y asturianas no se resfríen si alguien estornuda en el estrecho de Ormuz. O al menos para que esa ola inflacionaria —y las que puedan venir en el futuro— llegue amortiguada y no arrase sus planes de vida.

Este 1 de mayo es muy diferente al del año pasado y lo será al de 2027. Porque lo que marca esta era no es solo la trascendencia de los cambios, es la velocidad a la que se producen. Netanyahu viajó a Washington a principios de febrero para convencer a Trump de que Irán era vulnerable y había una oportunidad para cambiar su régimen. El día 28 Estados Unidos bombardea Teherán y en marzo usted y yo pagamos más cara la gasolina, el pescado y el chándal de los críos.

Los diques se colocan desde Bruselas y desde Madrid, pero también desde la calle Fruela. Control de precios, ayudas para transportistas y autónomos, proteger la industria, las familias vulnerables, el empleo. Fiscalizar la especulación y las subidas de precios desproporcionadas e injustificables. Y dar un salto definitivo en el transporte público. En 2022 se consintieron los excesos de las grandes compañías mientras que, todavía hoy, la administración persigue a familias vulnerables a las que tilda de morosas, otra vez hierro para el humilde y seda para el poderoso. El camino es justo el contrario; condonar esas deudas sería reconocer la fragilidad de esos hogares y librarles de su estigma.

Estamos ante una oportunidad determinante. Gran parte de la riqueza generada en España en los últimos 30 años —que es mucha— no ha llegado a los trabajadores y trabajadoras. El mundo se da cuenta de que necesita alumbrar un nuevo modelo en el que el sector público y los sindicatos serán cruciales. Una vez más la pregunta no es si cambiará el trabajo sino quién decidirá cómo lo hará. Y los sindicatos ya hemos librado batallas parecidas. En cada revolución hay un umbral, con cada cambio el horizonte empieza a temblar; pero ni el tractor, el vapor o el fascismo terminaron con la lucha obrera. Tampoco lo va a hacer un algoritmo.