Mediodía en Madrid. Yolanda tensa boca, ojos y brazos como quien se dispone a repartir no precisamente consejos. Y todo porque el decreto vale, pero la aritmética parlamentaria no: en unas horas el Congreso va a rechazar la prórroga del de los alquileres, proyecto con el que Díaz iba a «mejorar la vida de la gente» y a lo mejor acaba con mucha «gente» en los juzgados. Yolanda vuelve a estar frustrada. Toda la vida deslomándose por un mundo feliz y la gente en plan «mejor, quieta parada». En su gesto y en su verbo se pueden encontrar ecos del excamarada Pablo Iglesias: «Si deciden tumbar la norma, clamo a la ciudadanía para que se organice». Pues a clamar, Yolanda. Hay que decir que este conato de revolución comienza en un lugar bastante inofensivo: la sala de prensa de la Moncloa, donde lo más parecido a un adoquín es la moqueta. Hay políticos que tienen la extraña habilidad de alterar hasta el significado de las palabras. Hoy le toca el turno a barricada.
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