Nunca mejor dicho

OPINIÓN

Despegue de la nave espacial Orion de la minisón Artemis II
Despegue de la nave espacial Orion de la minisón Artemis II Bill Ingalls | EFE

03 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El 20 de julio de 1969 fue la primera ocasión en la que los primeros humanos pudieron pisar la Luna (Neil Armstrong y Edwin Aldrin) a bordo del Apolo 11 y dijeron aquello de «un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad». Hasta el pasado miércoles, con el despegue del Artemis II, nadie más se había acercado tanto hasta allí. No veremos en esta ocasión una imagen similar a la de hace 57 años porque la mujer y los tres hombres que van a bordo tienen la misión de probar un futuro alunizaje para 2028, así que realmente estarán orbitando alrededor de nuestro satélite durante diez días. Me imagino que en estos tiempos en los que se recrea cualquier situación no debe ser sencillo imitar lo que debe suponer viajar al espacio. Hasta ahora solamente muy pocos privilegiados han podido experimentar esa aventura, como es el caso del multimillonario dueño de Amazon, Jeff Bezos, que ha través de su empresa Blue Origin ha estado hasta hace poco tiempo organizando viajes cortos, no superiores a los quince minutos, pero suficiente para notar la ingravidez (con su cohete New Shepard espera organizar viajes a la Luna, imagino que a unos precios estratosféricos, y nunca mejor dicho). A saber si de cara al futuro este tipo de turismo se convertirá en algo habitual o seguirá siendo un coto cerrado en pocas manos.

De vuelta a la Tierra, de lo único bueno que se puede hablar es que estamos inmersos estos días en unos merecidos días de descanso. En Oriente Medio sigue el estrecho de Ormuz cerrado, y no hay visos de que esta guerra acabe a corto plazo porque no paran los cruces de hostilidades. Irán es bombardeada a diario, los hutíes lanzan misiles desde Yemen contra Israel y a Netanyahu se le ve decidido a controlar militarmente todo el sur del Líbano (para establecer el río Litani como nueva frontera), sin olvidar que con su voto en el parlamento hebreo ha salido adelante que se pueda condenar a pena de muerte (a través del ahorcamiento) a palestinos (condenados por atentados mortales). Ante esta inestabilidad iniciada hace un mes con el ataque a Irán todo se ha convertido en un mercado persa (nunca mejor dicho) pero con un trasfondo especulativo que no deberíamos minusvalorar. Hay gente ganando muchísimo dinero, sobre todo cotizando en las bolsas, y la duda es si lo están haciendo porque están asumiendo un riesgo y han tenido suerte o si han contado previamente con información privilegiada. El entorno de Donald Trump está bajo sospecha. Hay algo que es evidente que ocurre, y es que con los vaivenes del mandatario norteamericano en sus declaraciones públicas (en las que un día dice que la guerra no va a durar mucho y en su siguiente intervención se autodesmiente) es muy difícil conocer el minuto y resultado de la situación. Me imagino que no va a ser fácil demostrar ninguna vinculación, pero lo que sí sé que es lamentablemente se repiten las mismas circunstancias en cualquier conflicto bélico: quien paga el precio más alto es la mayoría de la población civil mientras que una minoría consigue sacar toda la tajada. Conste que el negocio y la mercantilización ha llegado hasta un extremo que rompe cualquier lógica. Hay muchas denuncias por redes sociales de que en determinadas ciudades españolas, como en Córdoba, se colocan vallas en las calles para evitar que quien no ha pagado no pueda ver, ni tan siquiera de pie, una procesión (de lo que cuesta alquilar un balcón, aunque sea un sitio privado, mejor ni comentarlo).