Una guerra con muchas vertientes y malas perspectivas

OPINIÓN

Trump este lunes en la Casa Blanca en su primera aparición pública tras el ataque a Irán
Trump este lunes en la Casa Blanca en su primera aparición pública tras el ataque a Irán Jonathan Ernst | REUTERS

04 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

De nuevo, los gobiernos de Estados Unidos e Israel han atacado a un país independiente, miembro de la ONU, por sorpresa, sin declararle la guerra y sin provocación previa. Es más, el ataque se ha producido cuando los gobiernos del agredido, Irán, y del principal agresor, EE. UU., mantenían conversaciones sobre el programa nuclear del primero, el principal contencioso entre los dos estados, y habían llegado a un principio de acuerdo. No merece la pena insistir en el carácter ectoplásmico del llamado Derecho Internacional.

Como sucedió con el secuestro del presidente de Venezuela, se ha querido justificar la agresión con el bien que supondría poner fuera de juego a un tirano, en este caso el asesinado Alí Jameneí. No cabe duda de que era un criminal sin escrúpulos, que acababa de ordenar la matanza de centenares, probablemente miles, de personas inocentes que protestaban pidiendo libertad, democracia y el fin de la carestía de los alimentos y productos básicos. Ni él ni sus colaboradores merecen una lágrima. Ahora bien, como sucedió con Nicolás Maduro, Donald Trump no decidió el asesinato de los dirigentes iraníes por motivos altruistas. Tanto él como Hegseth, su ministro de la Guerra, ese nombre le ha puesto al ministerio el gran campeón de la paz, dejaron claro el lunes que su objetivo es destruir a Irán, no cambiar el régimen político. En Venezuela pretendió únicamente apropiarse del petróleo, en Irán servir a la causa de su amigo Nentanyahu y, de paso, dificultar el suministro de petróleo a China. En una durísima columna en ABC, Juan Manuel de Prada, que llamaba a Netanyahu «hiena ahíta de sangre» y a Trump «cantamañanas» convertido en su marioneta, sostenía anteayer que el israelí tiene en sus manos al bermejo albardán gracias a vídeos facilitados por Epstein, lo mismo se rumorea de Putin.

Estados Unidos ha atacado Irán con la colaboración de las monarquías árabes sunníes, que odian a ese país y lo quieren débil por ser mayoritariamente chií, pero que violan los derechos humanos con la misma saña que el régimen de los ayatolás. Lo he escrito alguna vez, pero conviene recordarlo, las mujeres iraníes tienen más derechos y mucho mejor formación, no solo escolar sino universitaria, que en la mayoría de los países musulmanes. Es precisamente esa formación la que las hace conscientes de su discriminación y la que las condujo a realizar su valiente lucha contra el pañuelo en la cabeza. Lo que nadie que no sea un simple adulador de la Casa Blanca, o un «parvo», puede tomarse en serio es que Trump vaya a liberarlas de la mano de Mohamed Bin Salman. Ojalá logren liberarse las que sobrevivan a la barbarie.

No cabe duda de que Irán no puede ganar esta guerra, pero tampoco es fácil que ofrezca buenos resultados para los agresores. No se debería olvidar que los iraníes son seres humanos. La masacre de la escuela de Minab muestra lo que traerá la furia judeonorteamericana. Esas niñas ya no podrán disfrutar del pelo al aire al llegar a la juventud. Después de Gaza, no es difícil imaginar en qué va a consistir el castigo a Irán. El número de muertos crece cada día, mientras Trump, como si fuese un niño jugando a los barcos, cuenta entre risas las naves iraníes que ha hundido.

Irán es un país dividido. El régimen se apoya en la fe, algo muy difícil de combatir, pero no todos los chiíes son fanáticos integristas, siempre hubo ayatolás y mulás moderados, incluso críticos con Jomeini, aunque hayan sido marginados o reprimidos; seguro que muchas de las mujeres y de los hombres que pedían libertad, probablemente la mayoría, eran creyentes. Jameneí tenía 86 años, no podría estar muchos más al frente del poder. Posiblemente hubiese sido más fácil un giro liberalizador que partiese del mismo clero chií y de los dirigentes del país si su muerte hubiese sido natural. Ahora es probable que el sector más radical se enroque y predomine el deseo de venganza. Muchos iraníes, demócratas o no, integristas o moderados, rechazarán la agresión extranjera y dudarán de los beneficios que puedan llegarles de Israel. No es previsible que los bombardeos provoquen un cambio político.

Lo que no es esperable, a pesar de las bravuconadas de Trump, es una ofensiva terrestre, que sería inevitablemente muy costosa en vidas para Estados Unidos. Irán tiene una extensión de 1.648.195 km2, más del triple que España, y unos noventa millones de habitantes. Es un país montañoso, con gran diversidad de paisajes y climas, que no fue conquistado por las potencias imperialistas en la época colonial. Siempre fue estratégico para occidentales y rusos, otra garantía para su independencia, aunque la Rusia actual, Putin, se conforma con el apoyo de Trump en su guerra con Ucrania y no va a oponerse a la agresión.

Jameneí era a la vez un líder político y espiritual, por eso el conflicto rebasa las fronteras persas y los chiíes del Líbano, Yemen, Irak o Pakistán se han unido a las protestas, no porque sean sicarios del régimen iraní. ¿Hasta dónde llegarán? Están debilitados, pero no sería extraño que, humillados, se inclinasen por acciones armadas de carácter terrorista. Sembrar el odio siempre es peligroso. Irak es un país sostenido con alfileres, un estallido de la mayoría chií podría conducirlo a la guerra civil. Tampoco es imposible que ese sea el desenlace en Irán, aunque la oposición democrática carece de armas y está dividida.

Irán agotará relativamente pronto sus misiles y sus drones, con la aviación poco puede hacer ya. Es comprensible que haya atacado a países sin los cuales Estados Unidos no podría haber lanzado su ofensiva, pero la dispersión de los objetivos consume aún más recursos. Ahora bien, que su capacidad de respuesta se reduzca al mínimo no supone que el régimen caiga. ¿Cuánto durarán los bombardeos si el gobierno no se rinde o estalla una sublevación? A la economía mundial no le sienta bien la guerra y eso podría acortarla, aunque no se sabe si el ávido presidente norteamericano logrará con ella algún beneficio para su fortuna, es experto en aprovechar el cargo para enriquecerse. Netanyahu ya ha demostrado que es despiadado e implacable, querrá que continúe hasta que Irán esté anegado en sangre. El norteamericano ha dejado bien claro cuáles son sus principios morales, la muerte de inocentes no le detendrá.

Salvo sorpresa, quedan por delante semanas de horror e ignominia. Poco se puede esperar de Europa, solo el gobierno español se ha comportado con dignidad y valentía. Conviene señalarlo, a pesar de lo que sostienen los habituales tiralevitas de Washington, esta no es una guerra de las democracias contra la teocracia. China solo puede protestar, aunque gana argumentos para cuando decida intervenir en Taiwán. El mundo seguirá a merced del energúmeno que ocupa la Casa Blanca, al menos hasta noviembre. Esperemos que «el buen pueblo de los Estados Unidos» recuerde a Thomas Jefferson en el 250 aniversario de la declaración de independencia y no se deje engatusar por las mentiras del bermejo albardán.