Casi tres cuartas partes de las y los españoles no habíamos nacido o eran menores de edad el 23 de febrero de 1981. 45 años después, el actual Gobierno Nacional ha decidido desclasificar los documentos relativos al golpe de Estado, algo que ya sido muy bien valorado y aplaudido por la amplia mayoría de la sociedad (a la vez que se pide que se derogue la ley de secretos oficiales heredada del franquismo). Aunque hay muchísimas partes que ya se conocían, tener datos fidedignos permitirá a las y los historiadores seguir completando la información real de lo que pasó en aquel momento y objetivar la responsabilidad de los diferentes actores implicados.
Un país no puede renunciar a la transparencia, y ello pasa también por conocer su pasado y su periodo más el inmediato, con el firme propósito de construir un próspero futuro que consolide el sistema democrático. La casualidad ha hecho coincidir que símbolo principal de la fallida intentona golpista haya muerto. Antonio Tejero no consiguió el mismo resultado que Manuel Pavía cuando puso fin a la I República, pero sí que será recordado portando el tricornio «calado» (sombrero de tres picos tradicional de la Guardia Civil) y una pistola en su mano derecha subiéndose a la tribuna del hemiciclo del Congreso de los Diputados y gritando aquellas célebres frases de «¡quieto todo el mundo!» y «¡se sienten, coño!».
Basta preguntar a familiares y a amistades que recuerdan aquellas horas de secuestro a la soberanía popular para comprender que fueron momentos de muchísimo miedo e incertidumbre mientras escuchaban aquella noche de los transistores disparos y salidas de tanques por las calles de Valencia. Pese a tener aprobada una Constitución y haber celebrado elecciones democráticas, el ruido de sables era posible y podía suceder en cualquier instante. No era una novedad en España este tipo de sucesos en lo que los militares decidían que eran ellos los destinados a poner orden aunque se llevasen por el medio ilusiones y deseos de paz y de sana convivencia entre diferentes pensamientos.
Yo no he tenido contacto con la vida castrense (creo que lo único que debo agradecerle a José María Aznar es que las personas de mi quinta ya no tuvimos que hacer la mili) ni tengo conocimiento alguno de qué aire se respira actualmente en los cuarteles, pero quiero imaginar que si hay un cuerpo leal con la legalidad vigente es el ejército español (de hecho, no han sido pocas las veces es la que he escuchado declaraciones más democráticas, desde el punto de vista institucional, provenientes de militares que de civiles de todo tipo y condición). Las veces que hemos visto en los últimos años a dirigentes políticos utilizar la palabra «golpe» no ha sido precisamente por acciones militantes.
Basta los ejemplos al desafío independentista que se produjo en Cataluña/Catalunya (aunque la amnistía de 2023 dejó sin efecto todas las condenas, nunca se imputó a nadie por rebelión) o algunas sentencias judiciales polémicas, como por ejemplo la que inhabilitó a Álvaro García Ortiz al frente de la Fiscalía General del Estado. En cualquier caso, creo que es de celebrar que aunque aumente la crispación y estemos en una ola reaccionaria que nos impregna en todos los campos, es altamente improbable un levantamiento militar o las nuevas amenazas disfrazadas por aranceles, bulos y desinformación consigan doblegar a la democracia española.
Ayer comenzó una nueva campaña electoral. Me ha sorprendido que a diferencia de Extremadura y de Aragón (donde las negociaciones para formar gobierno se están encallando), en esta ocasión apenas se han publicado encuestas. De las pocas que sí han ofrecido sus datos, como la del CIS, pronostican un empate técnico entre el PP y el PSOE, siendo Alfonso Fernández Mañueco quien obtendría más votos y escaños. Vox seguiría su línea ascendente (ni tan siquiera las crisis internas, como la que se está viviendo en el Ayuntamiento de Madrid con Javier Ortega Smith, les está pasando factura), lo que volvería a convertirla en la fuerza política clave para garantizar la gobernabilidad de la derecha.
Salvo Unión del Pueblo Leonés, el resto de partidos con representación, como Podemos, Ciudadanos, Soria Ya y Por Ávila, pueden ver peligrar su permanencia. Es de celebrar que en esta ocasión haya más posibilidades de que el PSOE no sufra un nuevo batacazo, aunque hay que ser cautos porque quienes tendrán que dar validez a estos pronósticos son las electoras y los electores el próximo 15 de marzo. Veremos si los debates entre los diferentes candidatos se ven impregnados por la actualidad nacional o si se centrarán, como sería lo deseable, en el territorio y en los problemas de la ciudadanía en sus nueve provincias.
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