Google ha muerto, viva la IA

Pablo Borrás CEO DE 2BEDIGITAL

OPINIÓN

WU HAO | EFE

02 feb 2026 . Actualizado a las 08:45 h.

Durante décadas, Google fue la puerta de entrada universal al conocimiento digital. Sin embargo, a día de hoy la inteligencia artificial está desplazando al buscador que definió toda una era.

Hasta hace muy poco, cualquier consulta pasaba inevitablemente por Google. Las marcas habían invertido años en dominar sus reglas, optimizar contenidos y conquistar posiciones en un ecosistema donde el SEO era la brújula. Justo cuando parecía que todo estaba bajo control, la irrupción masiva de la IA generativa ha vuelto a mover el suelo bajo nuestros pies. Ahora toca entender un nuevo conjunto de criterios, mucho más complejos y opacos, para lograr aparecer como la opción más relevante en una conversación con un modelo generativo.

Herramientas como ChatGPT, Copilot, Gemini o Grok han ocupado en tiempo récord el espacio cotidiano que antes monopolizaba Google, que incluso ha tenido que reconfigurar su buscador para integrar IA en el corazón de su funcionamiento. La realidad es clara: la IA se ha convertido en el entorno desde el que gestionamos decisiones, tareas y búsquedas, tanto personales como profesionales.

A medida que esta tecnología se ha consolidado, también lo ha hecho su modelo de negocio. Las suscripciones fueron el primer paso, pero faltaba monetizar el uso gratuito. Esa pieza acaba de encajar: OpenAI ha anunciado la llegada de publicidad a ChatGPT en Estados Unidos para usuarios adultos de los planes Free y ChatGPT Go. Los anuncios aparecerán al final de las respuestas, claramente diferenciados y solo cuando exista un producto o servicio patrocinado relevante para la conversación.

En cualquier caso, la verdadera revolución no es la existencia de anuncios, sino el lugar donde aparecen. En un entorno conversacional, el usuario no revisa una lista de enlaces: recibe una respuesta integrada que combina explicación, criterios, comparativas y, al final, un bloque patrocinado. El impacto publicitario se desplaza al momento exacto en el que la IA ayuda a decidir.

En este nuevo escenario, el SEO deja de ser suficiente. Nace el GEO (generative engine optimization): un conjunto de prácticas destinadas a que una marca sea comprendida, contextualizada y recomendada por motores generativos cuando un usuario pide orientación. No se trata de SEO con otro nombre: el SEO optimiza para un ránking; el GEO optimiza para una recomendación dentro de una conversación.

El GEO se convierte así en el nuevo estándar mínimo para competir en un mundo donde ChatGPT incorpora publicidad. No basta con pagar visibilidad: hay que merecerla. Por lo tanto, las marcas que no empiecen ya a reorientar su presencia digital hacia el entorno generativo corren el riesgo de quedar relegadas a un papel secundario en la próxima gran transformación del posicionamiento online.

La IA no solo está cambiando cómo buscamos: está redefiniendo cómo decidimos. Y, en ese nuevo terreno, quien no se prepare a tiempo quedará fuera del mapa.