Despedidas y cierres

OPINIÓN

22 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Aunque parece que pudiera no ser de forma definitiva, cerró el restaurante asturiano de las monjas clarisas excomulgadas, también conocidas como «Las monjas de Belorado». Llevaba tan poco tiempo abierto que, por fortuna, todavía no se habían convertido en «Las monjas de Arriondas». Minimizados de momento por ahí los daños, seamos sinceros: pocos echarán de menos su cocina. No sé en qué momento unas consumadas chocolateras decidieron pasarse a fabada, la más grasa y pesada que, en mala hora pero en buena compañía, haya probado en décadas. Cismas eclesiásticos los que quieran, pero no me toquen la fabada. Depongan los peroles y vuelvan al chocolate.

En las antípodas gastronómicas, Nacho Manzano cerró su restaurante NM en Oviedo. Un cierre que quiere ser temporal, según declaró el propio Nacho a la vez que aclaraba la causa: «No me da la vida». Pese a que Francis Vega sostenga, y viniendo de él sea mucho decir, que allí comió unos de los mejores menús de caza de su vida, a los Manzano podemos seguir disfrutándolos en sus Nastura, Narbasu, Gloria y, sobre todo, claro, en Casa Marcial. Así que pena tampoco me da mucha, casi me alegro por ellos y el estrés de vida que llevan.

Marcos Granda se ha desvinculado del restaurante Ayalga, en Ribadesella. También vino a decir, aunque sin la chispa de Nacho, que no le da la vida. Entre Skina, Clos, Marcos y demás, el empresario y sumiller sotrondino tiene faena de sobra. Lo importante es que Ayalga sigue abierto y con su cocinero, Israel Moreno, al frente, así que habrá que estar atentos para ver si hay novedades que celebrar en la propuesta.

Puestos a llorar cierres recientes sentidos, me quedo con dos, ambos por jubilación y regentados por parejas. El primero, de hace ya unos meses, es Celia Pinto, el restaurante de cocina portuguesa de Oviedo. El tiempo no ha suavizado la voraz nostalgia de aquel bacalao Rui Costa e Sousa madurado, impecable en cualquiera de sus versiones. Sus muchos devotos no perdemos la esperanza de que Celia abra de nuevo, aunque sea en otro sitio, en otro formato, pero que abra.

El segundo no le sonará mucho a la mayoría. Se trata del Trasgu, el único restaurante de Besullo, un pueblo precioso de Cangas del Narcea, donde siempre había un plato en la mesa para todo el que se acercara: partidas de cazadores, vecinos, peñas, grupo de amigos o turistas. El cierre de restaurantes como el Trasgu, esenciales para la vida de nuestros pueblos, es un drama que trasciende la gastronomía y la comida, pero también inseparable de ella: sociología aparte, lo que mis sobrinos echan de menos son el pote y la fabada de Mari Carmen.

Por último, y aunque no sea un restaurante, también cerró Salsa de Chiles, el espacio gastronómico de Carlos Maribona, tras decidir ABC clausurar todos sus blogs. «Al parecer se han quedado viejos y los tiempos exigen otros modelos», lamentaba el autor en su despedida. En sus mil quinientos posts en estos 20 años, Carlos Maribona ha referenciado restaurantes de todo el mundo, la mayoría de ellos en España y muchos en Asturias, especialmente en nuestra costa occidental, desde Avilés a Vegadeo. Alguno de los seis brazos redondeados de cada una de las dos estrellas michelín del occidente de Asturias, Ferpel y Regueiro, llevan tatuado su nombre. Verano tras verano, con tozudez incansable, hizo que sus nombres sonarán cuando eran desconocidos. Los de los nuevos modelos, los analfabetos gastronómicos y funcionales hablando a cámara con la boca llena, se apuntaron, como siempre, más tarde a la fiesta.