Nos guste más o menos España es una Monarquía Parlamentaria y así reza en la Constitución de 1978. Hay quienes se declaran partidarios de las monarquías, aunque sea una institución anacrónica y con ejemplos poco edificantes. Por el contrario hay quienes abogan por la restauración de la República como forma del estado, aunque no parece que sea ésta de prioridad mayoritaria. De momento esta dicotomía se mantendrá así, cada cual defendiendo su posicionamiento y otros muchos lejos de cualquier disputa.
En lo que parece que reina una gran mayoría es en el reconocimiento, la admiración y el aplauso hacía las instituciones y las personas galardonadas con los Premios Princesa de Asturias, pese a su vinculación con la Monarquía. Cada año Oviedo, y por añadidura Asturias, alberga y muestra al público en general trayectorias dignas del mayor encomio. Cada año jurados diversos deciden quienes son los que merecen la alta distinción de ser premiados en las distintas categorías. Cada año Asturias durante unos días de octubre es un lugar de referencia global.
Recientemente se cuestiona los merecimientos de algunos de los premios que se otorgan. Lógico es pensar que los jurados no siempre atinan en sus decisiones y cada persona, miembro de los jurados o no, tiene sus preferencias y sus debilidades. Distinto es pensar que la Corona, de mano de la asturiana Reina, pueda influir en algunas decisiones. Los patronos de la Fundación seguro que les gustaría también meter la mano en ciertas decisiones. Pero pensar en que existan coacciones a los jurados es de mentes retorcidas que tan solo pretenden manipular la opinión pública. Siempre se puede dudar de la honestidad de los jurados, y de los jueces también, en tanto y cuanto son personas. Difícil es inclinarse por la mejor opción.
Pocas personas habrá en España que no sepan quien es Begoña Gómez, y también quien es el juez Peinado. Parece ser que a la tal señora la va a juzgar un jurado popular. Que difícil se hace creer que las personas que integren ese jurado no tengan una opinión previa sobre la persona a la que han de declarar culpable o inocente.
La editorial Planeta, y su premio, tienen un prestigio ganado a lo largo de los años. Un jurado decide en cada edición quien es el ganador del prestigioso premio que otorgan. Razones hay para concebir que la citada editorial busca ante todo el beneficio económico y a tal fin consigue premiar a personajes que tienen un cierto recorrido de popularidad, dejando en segundo lugar la calidad de la obra. El jurado queda en este caso en bastante mal lugar.
El festival de Eurovisión, cada vez menos atractivo, pretende ser de lo más justo y monta dos tipos de jurado, uno llamado profesional y otro popular. Pues resulta que tal modelo está resultando de lo más injusto como se ha podido ver en las últimas ediciones. Hemos hablado de distintos jurados, de distintas maneras de dictar justicia. Ahora hablemos de nosotros mismos. Todos juzgamos y prejuzgamos cualquier cosa que se nos ponga por delante y sentenciamos según nuestro criterio. Somos así.
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