La violencia repunta en el País Vasco

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo EL DERBI

OPINIÓN

ADRIAN RUIZ HIERRO | EFE

08 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Estos días pudieron leerse en El Correo de Bilbao una serie de informaciones sobre la situación de la izquierda radical vasca y su ruidosa presencia pública, multiplicada con motivo de las diferentes fiestas que durante el verano se celebran en Euskadi. Por ejemplo, el periódico vizcaíno se hacía eco de que la Fundación Fernando Buesa denunció el miércoles que el espacio público y festivo de Vitoria está «plagado» de carteles y pancartas a favor de ETA y sus presos. La asociación nacida en memoria del político socialista manifestó que «esta es la realidad de lo que pasa estos días en el recinto de las txosnas».

Esto no sucede solo en las fiestas de la Virgen Blanca de Vitoria, sino que se extiende a lo largo y ancho de toda la geografía vasco-navarra. La situación se ha agravado desde hace tiempo por la presencia de GKS (Gazte Koordinadora Sozialista, o lo que es lo mismo, Coordinadora juvenil Socialista). Se trata de una agrupación comunista nacida del entorno de la izquierda aberzale, pero ajena a Bildu, y que se caracteriza por su radicalidad, especialmente contra la policía autónoma vasca, y en su reivindicación de ETA como si todavía fuera un actor principal del escenario político y social euskaldún.

No es extraño pues la indignación de la Fundación Fernando Buesa, que ve que después de tantos años desde que ETA abandonó, el espíritu de violencia que impregnaba al mundo aberzale sigue vivo. No hay muertes, es cierto, y hay que celebrarlo, pero el desprecio a la autoridad y a las instituciones democráticas sigue vivo en un sector de la población muy amplio de la sociedad vasca. No hay que olvidar que Bildu pisa los talones del PNV en lo que es la lucha por gobernar Euskadi.

Que Bildu pasara de estar fuera del sistema a convertirse en un partido político más fue una gran noticia. Y aunque, sobre todo, a las víctimas del terrorismo les doliera verles absolutamente legitimados, lo cierto es que fue generalmente aceptado que era mejor tenerlos en las instituciones que reventándolas con violencia desde fuera.

Pero no podemos olvidar algo fundamental. La izquierda radical vasca no condenó nunca con la contundencia necesaria la acción criminal de ETA. Y ni siquiera lo hace ahora con los actos de violencia que han protagonizado recientemente los jóvenes cachorros del mundo aberzale. En todo caso, si se ha producido una mínima reprobación a estos hechos (hubo varios policías vascos heridos en Vitoria) se hizo con la boca muy pequeña.

Bildu, aunque ya se presenta como un partido que aspira al poder en el palacio de Ajuria Enea todavía no ha roto del todo con la violencia. Por ello es censurable el blanqueamiento realizado desde el Gobierno central a esta formación política, que si bien tiene su legitimidad en las urnas, lleva tras de sí un pasado que exige una redefinición de su hoja de ruta.

Mientras que en las fiestas de las ciudades y los pueblos del País Vasco se reivindique el nombre de ETA, se pida la libertad de sus presos y se practique la violencia, Bildu no estará del lado de la democracia.