Donald Trump disfruta de su éxito

Miguel-Anxo Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

OPINIÓN

Piroschka Van De Wouw | REUTERS

25 jun 2025 . Actualizado a las 12:24 h.

Acababa de darle Donald Trump el pomposo nombre de «Guerra de los Doce Días» al último conflicto entre Israel e Irán cuando los contendientes le estropeaban la cifra prolongándolo al menos un día más. El consiguiente enfado de Trump peca de impaciencia. El alto el fuego se impondrá tarde o temprano, porque conviene a las partes. Irán está al límite de su resistencia e Israel ya ha bombardeado todo lo que quería bombardear. En los últimos días, los israelíes, de hecho, se han dedicado a objetivos simbólicos o propagandísticos, como la prisión de Evin. Se resisten a abandonar el espacio aéreo del oeste de Irán porque han logrado dominarlo casi por completo y, sobre todo, no quieren sentar el precedente de que un alto el fuego decretado por la Casa Blanca se convierta en una orden. Pero también ellos darán por concluida su operación. Que, en su enfado, Trump les haya culpado de romper el alto el fuego es parte del juego de egos entre él y Netanyahu, y del juego de jerarquías entre Israel y Estados Unidos. Trump quiere dejarle claro a los israelíes que ni siquiera a ellos les está permitido empañar este éxito suyo como pacificador (si es que esa es la palabra correcta), el primero que ha logrado en la esfera internacional después de varios intentos fallidos en distintos escenarios.

Porque es innegable que se trata de un gran éxito del presidente Trump. Si en su primer mandato logró el acercamiento entre Israel y los países del Golfo con los Acuerdos de Abraham, ahora ha conseguido debilitar (al menos por un tiempo indeterminado) el poderío regional iraní. Ha logrado frenar la aparición de una nueva potencia nuclear hostil a Occidente, y lo ha hecho sin coste humano para su Ejército. En su día, Clinton pensó en hacer lo mismo con Corea del Norte y al final no se atrevió a correr el riesgo. Fue seguramente la decisión más sensata, pero Trump acaba de convertirla retrospectivamente en un error a ojos de los analistas del Pentágono, lo que tendrá consecuencias en el futuro. 

En fin, y como reza el viejo dicho, nada tiene más éxito que el éxito, y esto es quizá más cierto todavía en la política norteamericana. Trump se ha ganado ahora el apoyo de los halcones republicanos que le habían dado la espalda (es muy significativo el entusiasmo de su feroz enemigo interno John Bolton). Al mismo tiempo, normaliza el intervencionismo entre su base electoral, que se había vuelto alérgica a las «guerras eternas».

Para Trump, esto entraña una tentación: la de creer que todos los problemas internacionales se pueden resolver con un bombardeo quirúrgico, lo cual no es verdad ni siquiera para este problema internacional. Porque, y esto es importante recordarlo, en un conflicto todo éxito es provisional, una forma de ganar tiempo. El verdadero triunfo sería lograr un acuerdo estable con Irán. Posiblemente, es lo que intentará ahora Trump. Comprobará entonces que hacer la guerra es, a menudo, mucho más fácil que hacer la paz.