Robo a taza alzada

Álvaro Boro

OPINIÓN

«Ayer, domingo, en el vermú alguien se llevó este calcetín de mi expo en La Menuda. Es una pena, sabía que podía ocurrir, porque estaba expuesto en un baño a una altura baja para disfrutarlo sentado. Pero me pudo más la ilusión y la sorpresa de exponerlo allí. Apenas ha durado cuatro días, ojalá lo devuelvan, pero creo que no pasará. Lo tenemos difícil como sociedad, en fin. Para los interesados: la exposición sigue durante cuatro semanas», estas fueron las palabras que el lunes Rodrigo de Miguel escribió en una storie de Instagram y que luego fijó como publicación en su perfil.

El jueves 23 se inauguró en La Menuda su exposición «A veces un pájaro se posa en una rama y piensa», donde el arquitecto y artista muestra una serie de dibujos breves que empezó a dar forma en febrero de 2015. En estos podemos ver un recorrido por su obra, un trabajo que abarca casi diez años de su vida, y en el que tiene pensado seguir trabajando. Con trazos simples, muy cercanos a la viñeta y a la labor de un dibujante, y un montaje sencillo y efectivo dejó encantados a todos los que se acercaron hasta allí. En palabras del autor: «Son como un haiku, poemas visuales. Dibujos breves que hago a diario y con los que trato de generar una reflexión en el espectador y en mí al realizarlos. Los pájaros y los peces aparecen muchas veces, haciendo de la repetición de éstos un patrón y una seña de identidad». Todo iba sobre ruedas: sus creaciones gustan y así se refleja en la gran acogida que tienen entre los que acuden a esta esquina del Fontán a paliar mucho más que el hambre y la sed.

Como ya les dije más veces, es un privilegio y una gran labor que existan bares como La Menuda, El Jamón o La Salvaje, que traten de acercar el arte y la cultura al ciudadano; barras en las que además de mover la muñeca se agita el intelecto y la amistad. Por esto me choca que alguien se haya llevado la pieza del baño, un robo a taza alzada del WC. Rompiendo así la confianza del artista en el público, en el ser humano, y mancillando la simbiosis con el local.

Aunque, por otro lado, este robo no deja de ser algo absolutamente disruptivo: en este momento donde parece que el arte, lo cultural, no interesa y cada día se pisotea más; hay un tipo o una tipa que, deslumbrado por la obra, en pleno momento mingitorio o acabando de alcanzar la inspiración, vaya usted a saber, decide que no puede vivir sin ese dibujo y cae rendido a la tentación de agenciárselo por la cara. Esperemos que esta sea la razón y no simplemente por joder y hacer la gracia, porque no merecería perdón.

Nadie espera que aparezca, pero al menos que esté disfrutando de lo que privó a otros.