De entre la larga colección de tópicos con los que Pedro Sánchez ha justificado su remodelación del Gobierno destaca el que asegura que el que se estrena es un Ejecutivo «de alto perfil político para una legislatura de alto perfil político». Si se analizan los cambios que ha introducido en la parte socialista del Gobierno —porque Sánchez sigue renunciando a su prerrogativa constitucional de nombrar a todos sus ministros al dejar que sea Yolanda Díaz la que ponga y quite a los de Sumar, como Pablo Iglesias hizo antes con los de Unidas Podemos—, se observa que los relevos no responden a esa afirmación sobre el alto nivel político del nuevo equipo respecto del anterior, que se entiende, siguiendo a Sánchez, que tenía un perfil más técnico.
Es difícil sostener la afirmación del líder del PSOE, a no ser que se interprete que uno de los ministros que abandonan el Ejecutivo, como Miquel Iceta, tenía un perfil más técnico que político, cuando en realidad no ha hecho otra cosa desde que echó los dientes que dedicarse a la política, sin que se le conozcan estudios o puestos de trabajo fuera del ámbito político.
Sale también del Ejecutivo Raquel Sánchez, exministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, que tampoco tiene lo que se dice un bajo nivel político, ya que se afilió al PSC cuando tenía 28 años y antes de entrar en el Gobierno había ocupado desde el 2007 cargos municipales en Gavá (Barcelona), localidad de la que terminó siendo alcaldesa. Perfil político, frente a lo que afirma Sánchez, tiene también el gallego José Miñones, que, pese a ser doctor en Farmacia, ocupó durante doce años la alcaldía de Ames, en A Coruña.
Al contrario, entre los ministros que entran se encuentra el catalán Jordi Hereu, que, a pesar de haber sido alcalde de Barcelona, tiene en la actualidad un perfil muy técnico, ya que tras dejar el bastón de mando ha tenido un largo recorrido en el mundo empresarial hasta acabar en el 2020 como presidente de Hispasat.
Tampoco se entiende el argumentario del líder del PSOE, a no ser que interprete que un alto perfil político significa que entre en el Ejecutivo alguien como Óscar Puente, exalcalde de Valladolid, conocido por su vehemencia e incorrección política, al que Sánchez encargó dar réplica a Alberto Núñez Feijoo en el debate de investidura del líder del PP como quien saca a un ogro que se come los niños crudos. Lo cierto es que el Gobierno tiene el mismo perfil político o incluso inferior que el anterior, porque en él se mantienen sin cambios todos los ministerios de Estado, como Defensa, Interior, Asuntos Exteriores y Economía. Y Justicia pasa a manos de Bolaños. La penúltima remodelación sí supuso un verdadero giro de guion porque entonces salieron del Gobierno figuras como Carmen Calvo, José Luis Ábalos o Iván Redondo, además de los titulares de Exteriores y Justicia.
Al hablar de una legislatura de alto perfil político, Sánchez se refiere a una en la es necesario aguantar el chaparrón de la ley de amnistía. Pero sus cambios no pasan de ser pura cosmética.
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