¿Das las claves del móvil a tu pareja?

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

25 jun 2023 . Actualizado a las 10:02 h.

Escucho un apasionante debate en la radio. No había caído en el asunto. En alguna cena de amigos se había comentado, pero de forma ligera. Sin ir más allá. Pero el intercambio de opiniones que oigo en antena me deja helado. ¿Hay que dar o no la contraseña del móvil a la pareja? En seguida, se posicionan los extremos. Son expertos en comunicación y psicólogos los que defienden las dos posturas. Ambas se articulan en dos polos opuestos: confianza ciega en el otro o protección máxima de tu intimidad. En muchos países está penado espiar el móvil o el correo electrónico de tu pareja. En España. En Argentina… Es delito, vamos. Así lo explican los especialistas que se enzarzan en si es mejor ejercer de amor ideal y compartir incluso contraseñas con total libertad o si esa misma actitud es un claro síntoma de posesión y de celos enfermizos. De personas que sospechan de todo y por todo.

Termina el debate. Aparco el coche. Y tecleo en Google, enciclopedia universal y cotilleo mundial, sobre este asunto. Alucino con los millones de resultados. Aparecen todo tipo de historias y situaciones. Algunas más light como esta que recoge el diario argentino La Nación y que terminó en separación por nada. «Mi pareja anterior se llevaba el celular al baño y estaba ahí, con el teléfono, más de media hora. Esa actitud me molestaba mucho, sentía que me ocultaba algo. Él me juraba que no, que solo hablaba con sus amigos. Un día le agarré el teléfono y cuando quise entrar al WhatsApp, no pude porque él había puesto una contraseña. ¿Si no tenía nada que ocultar, por qué la clave? Discutimos toda la noche, él decía que así defendía su privacidad. Después de eso, nos separamos. Pero antes me mostró el WhatsApp: no había nada raro, solo algunos videítos algo subidos de tono que se mandaban con sus amigos», cuenta, aún arrepentida de haber cedido a sus celos.

Hay ejemplos mucho más duros. Situaciones en las que el móvil sí ocultaba material para varias condenas del portador. Parejas que se enteraron de la doble y de la tripe vida de su amor, pero unas dobles y triples vidas donde casi las infidelidades eran lo de menos. Leyendo y leyendo uno llega a la conclusión de que no hay nada mejor que llevar un día a día tremendamente aburrido. Claro está que el hecho de que tu pareja se obsesione por tener tus claves y saberlo todo de ti tampoco parece una postura sana. Se empieza por ahí y así vivimos situaciones en las que los adolescentes machitos están controlando a sus parejas por el móvil de una manera que es un evidente asalto a la intimidad. Y empiezan cada vez más jóvenes. Me quedo con que seamos como los icebergs. No queramos conocer lo que se oculta debajo del océano. Una vez, un escritor le preguntó a un cura veterano en confesiones cómo era la gente y él le contestó: «No lo quiera saber. La mayoría es mediocre. Y encima lo que más abunda son las malas personas». El móvil hoy es el espejo de nuestro alma. Mejor morir con el alma sin revelar al completo. Pocos superarían esa prueba.