Vidas sintéticas

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

DADO RUVIC | REUTERS

22 abr 2023 . Actualizado a las 13:27 h.

Lo sintético se mancha menos y se limpia con facilidad. Si se rompe, se tira y se reemplaza, porque de ordinario su coste es bajo. Algo que se acomoda bien a esta cultura nuestra del descarte, en la que no queremos o no vale la pena arreglar las cosas. Una bolsa de plástico carece del valor, también estético y quizá afectivo, que puede alcanzar una bolsa de piel. Y supongo que pocos son capaces de prendarse de un plástico o de regalarlo. Pero una vez que ha sido producido, el plástico tiende a permanecer para siempre, por poco que lo valoremos, por feo que se nos antoje.

Propendemos, sin embargo, a lo sintético porque se nos antoja cómodo: fibras que parecen lana o algodón, más baratas y más fáciles de lavar y… de tirar. Comida, aditivos sobre todo, que imita texturas y sabores. Sexo sintético, sin riesgos aparentes para la salud ni compromisos, hasta que se demuestra que lo perturba todo: incluso la locura de origen natural es mejor que la de origen artificial.

También al mundo de la comunicación están llegando contenidos así. No proceden de combinaciones químicas, pero se ajustan con fidelidad al diccionario: un producto «que se obtiene por procedimientos industriales y que reproduce la composición y propiedades de uno natural». La irrupción de la inteligencia artificial, por ejemplo, hace posible la generación de noticias fáciles de producir, baratas como los plásticos y muy parecidas a las naturales, incluso en los sesgos.

Lo sintético, usado sin moderación, contamina mucho porque no suele ser biodegradable y, después, no hay quien limpie el mar y el mal. Por eso, conviene abordar la inevitable inteligencia artificial con una actitud siempre segura: la sobriedad.