La libra libanesa cotiza oficialmente en la pizarra del Banco Central a una tasa de 15.000 por dólar. En la calle, por ese mismo billete verde se consiguen 109.000, diez veces más. El Líbano vive una esquizofrenia económica y un corralito bancario en toda regla. Los ciudadanos que ahorraron en dólares durante años no pueden sacarlos de sus cuentas desde el 2019.
Tras la crisis financiera internacional del 2008, millones de dólares comenzaron a salir de las entidades financieras del país. Las turbulencias económicas generadas por la guerra civil en la vecina Siria desde el año 2011, la pandemia del covid en el 2020, la explosión del puerto ese mismo año y la creciente inflación mundial acelerada por la invasión rusa de Ucrania terminaron por acelerar el proceso de degradación económica que ya arrastraba.
Pero quizá lo más relevante es que el país tiene un sistema parlamentario muy fragmentado en el que cada comunidad religiosa cuenta con un número de escaños fijo, obligando a complejas negociaciones para tomar cualquier medida. Mucho más si las decisiones necesarias son medidas dolorosas como sincerar el mercado cambiario o eliminar subsidios.
Si no hay Gobierno democrático que aguante una inflación alta, eliminar los subsidios a los alimentos, la electricidad o la gasolina que se han ido implementando durante décadas es también sinónimo de harakiri político. Algo que los sucesivos políticos locales han evitado a toda costa durante años, hasta llegar a la situación actual. Hoy, el Líbano es uno de los tres países con la inflación más alta del mundo, superando el 125 % anual, junto con Venezuela y Argentina.
En este entorno tan complicado para los negocios, pocas compañías españolas han logrado hacerse un hueco en el país. Aunque cualquiera que pase por su capital Beirut verá que el autobús turístico es de la franquicia sevillana City-Seesighting. Y si se acerca a algún centro comercial encontrará locales de las marcas de Inditex. Ambas compañías gestionan sus negocios en el país de los cedros en régimen de franquicia. La mejor forma de hacer negocios para las empresas extranjeras, y quizá la única actualmente, en un mercado tan complejo como el del Líbano.
Exportar al Líbano es igualmente es cada vez más difícil, como lo confirma el descenso de las ventas españolas desde 2016, según el Icex. Pero no imposible. Datos del Cesce registran dos firmas pontevedresas entre las que lo han conseguido: la textil Creaciones Foque S.L. e Iberconsa.
Así las cosas, mientras muchos profesionales, como médicos, informáticos y arquitectos, salen del país por la falta de oportunidades, la inflación y la corrupción, trabajadores de Bangladesh, Filipinas o África llegan al Líbano en busca de una vida mejor trabajando en restaurantes de comida rápida y en el servicio doméstico. ¿Les suena esto? La pregunta es si el Líbano está en retroceso o, simplemente, está más adelantado que el resto de los países.
Comentarios