El latido del jabugo

OPINIÓN

Isabel Infantes | EUROPAPRESS

Esto solo pasa en la política. Para ser más precisos, solo pasa en la política española. Aquí, al político pirómano, en lugar de condenarlo al destierro, en lugar de ponerlo a remojo perpetuo, lo mandan a catar jabugo. Gentileza de Mañueco, etcétera. Como para extrañarse de que de un tiempo a esta parte el número de García-Gallardos se haya multiplicado. A estas horas, la cola de potenciales vicepresidentes autonómicos tiene que estar dando la vuelta a la manzana. Al Juan García-Gallardo pata negra, el genuino, lo han enviado a degustar jamón a Madrid Fusión. Menuda penitencia, esperando a que loncheen la pata del gorrino, en plan «si sale bueno, sepárame un poquito para Santiago Abascal». Donde haya jamón, que se aparten sus medievales principios. Hay trabajos sacrificados y luego está el de este hombre, impagable labor a razón de 80.000 euros anuales. He aquí al alumno aventajado de Vox, escuchando, emocionado, el latido del jabugo.