Putin y la opción nuclear

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

SPUTNIK | REUTERS

30 oct 2022 . Actualizado a las 10:12 h.

La primera víctima de cualquier guerra es la verdad. Cada bando narra la evolución del conflicto de la manera que más beneficia a su causa, sea o no cierto, porque la propaganda siempre ha demostrado ser un arma muy eficaz para arengar a las masas y desmoralizar al enemigo. Así, en el conflicto que ahora mantienen Rusia y Ucrania, la información que sale del Kremlin solo aporta una visión sesgada sobre lo que acontece en su frontera occidental. Como buen ex miembro de la KGB, Putin no solo juega al hermetismo inquietante de quien parece guardarse siempre un as en la manga para atemorizar al enemigo, sino que utiliza la desinformación como arma contra Ucrania, pero, sobre todo, contra sus aliados occidentales. La amenaza de una escalada bélica en la que se empleen armas nuclearse parece estar preparando el terreno para cuando la situación en el frente sea todavía menos favorable a los intereses rusos y opten por una maniobra desesperada. Según los estudios sobre las consecuencias del uso de artefactos nucleares, las nubes radiactivas avanzarían hacia occidente, perjudicando tanto a los países nórdicos como a los balcánicos, pero no tanto a Rusia.

Francamente, espero que Putin tenga en consideración a sus ciudadanos más allá de como meros peones de sus desmesuradas ambiciones zaristas, pero, sobre todo, que valore que la escalada en la violencia perjudicaría a todos y no le beneficiaría en absoluto. El paulatino avance de las tropas ucranianas recuperando el terreno ocupado por los rusos le ha puesto contra las cuerdas, no solo porque evidencia los errores de cálculo sobre la invasión, sino el fracaso de su estrategia militar. La derrota no cabe en su mente, pero la victoria se antoja cada vez más lejana, por lo que, como un animal acorralado, puede optar por la salida más irracional: morir matando. Crucemos los dedos para que, más allá de las especulaciones sobre la reticencia mundial, a nadie se le ocurra pulsar el botón nuclear.