El gato de Downing Street

OPINIÓN

TOLGA AKMEN | EFE

08 jul 2022 . Actualizado a las 16:11 h.

Parece mentira que Boris Johnson esté muerto, y no de parranda. La vida sin el premier saliendo al trote de su oficina, con el pelo como si el secador aún estuviera enchufado, será quizá más aburrida, quién sabe, porque la política suele superar a la ficción. El error de este hombre fue creer que iba a tener más vidas que un gato. Resulta que no. Mientras su legado político se balancea bajo ese oxímoron que es el sol de Londres, Larry, el minino del 10 de Downing Street, cuyo cargo es el de ratonero jefe de la Oficina del Gabinete del Reino Unido, sigue vivo y coleando. El gato, que ya ha visto pasar a tres primeros ministros con los pies por delante, posa en el mismo escenario en el que en unas horas se instalará un patíbulo, también llamado atril. Allí, ante el pelotón de fusilamiento, Boris hablará como un político del montón: «Nadie es remotamente indispensable», dirá, como dicen todos aquellos que hasta el final se creen imprescindibles. Y resulta que solo eran ratones.